Me crié en una casa donde “radio” y “Cadena SER” son sinónimos intercambiables (hasta tal punto que durante las 24 horas la SER está encendida en algún rincón). Crecí con Gabilondo por las mañanas, Carlos Llamas por las noches, y por supuesto, con el deporte. Con el Larguero (en la época en que era un programa innovador que ofrecía algo diferente cada noche). Con las retransmisiones ciclistas de Javier Ares. Con las desconexiones locales pucelanas de José Ignacio Tornadijo. Y por supuesto, con el Carrusel Deportivo.
El Carrusel es (era) mi telón de fondo durante las generalmente aburridas tardes de domingo. Y la verdad es que se hacían largos los meses de verano en los que el fútbol se iba de vacaciones. No sigo el fútbol con especial interés, pero el Carrusel era todo menos fútbol. Era una forma única de hacer radio. Era humor con el toque justo de mala leche. Y para mí, particularmente, durante estos casi dos años (interrumpidos) en Grecia, ha sido una forma de sentirme como en casa. Escuchando a Pepe Domingo Castaño gritar “¡Hola, hola!” a cualquiera se le pasa la morriña aunque sea por un rato.
Sin embargo hace un par de meses, la Cadena SER decidió echar al director de orquesta, Paco González. Quizá pensaron que una sola pieza es remplazable. Pero igual que en un coche no es lo mismo quedarse sin retrovisor que sin correa de distribución, no es lo mismo prescindir del director que de cualquier colaborador. Sin retrovisor es más complicado conducir, pero es que sin la correa, el coche no anda.

