
Decía ayer que estaba buscando trabajo en Holanda debido a las buenas referencias que me han dado por allí. ¿Por qué tantas ganas de no volver a España? ¿y por qué Holanda? Pues la verdad es que ayer (aquí el periódico me llega con un día de retraso) El País me lo puso a huevo publicando sendos artículos. En el suplemento ‘Domingo’, un completo reportaje del estadounidense Phil Bennett sobre España apropiadamente titulado Retrato de un país en crisis. En el suplemento ‘Negocios’, me encontraba con Holanda, paraíso del pleno empleo.
Creo que no merece la pena expresar con mis propias palabras lo que ya han dicho otros, así que me voy a limitar a copiar aquí los párrafos más jugosos de ambos artículos con algún comentario de mi cosecha:
Holanda, paraíso del pleno empleo
Lo que más destaca de Holanda, a pesar de necesitar un recorte estructural de 29.000 millones de euros hasta 2015 para salir a flote, es el índice de desempleo. Con un 4,1% de la población activa, es el más bajo de la Unión Europea.
Nos lo están poniendo en bandeja.
“El paro no lo contiene solo el hecho de que una economía sea más o menos abierta. La clave es la flexibilidad del mercado laboral. Durante la crisis económica se ha mantenido la oferta de empleo. Menos, desde luego, porque el sector de la construcción aún no se ha recuperado y no se invierte en nuevos edificios de oficinas, tiendas o infraestructuras. Pero se encuentra trabajo porque hay dinamismo”, asegura el economista Peter Hein van Mulligen
Ah, ¿que ha habido crisis de la construcción también fuera de España? qué cosas. ¿Y que el problema de desempleo se ha paliado con flexibilidad? Vaya, esa palabra maldita. Y sin embargo, en España es más necesaria que nunca para evitar que el 40% de los jóvenes estén parados y el otro 60% tengan contratos de mierda. Pero ni por esas, los sindicatos se empeñan en mantener el insostenible ‘statu quo’ de la ‘generación tapón’. Cuando las pensiones de dicha generación las tenga que pagar la actual generación perdida de jóvenes parados y temporales, habrá llanto y crujir de dientes. Espero poder verlo desde la barrera.
Para el patrón, el proceso resulta algo más caro.
O sea, que todos arriman el hombro, esto también es nuevo. Escuchar a la patronal española, en cambio, le hace a uno comprender con precisión las motivaciones de la invención de la guillotina.
Y para decidir cómo ahorrará el Estado, lo más probable es que se aplique el famoso modelo pólder holandés: todos juntos afrontando la misma responsabilidad. Tal vez por eso una huelga general, como la española, o al estilo francés, no encaje tanto aquí”
Y tal vez por eso, Holanda sigue funcionando a pesar de la crisis y España se descalabra.
Retrato de un país en crisis
Villacañas fabrica puertas. No unas cuantas, sino 11 millones de puertas en 2006, más del 60% del mercado nacional en pleno apogeo de la construcción. Las ventas aportaban a este pueblo de 10.000 habitantes ingresos de más de 600 millones de euros al año. El sector proporcionaba 5.000 puestos de trabajo bien remunerados, daba empleo a familias enteras en turnos que cubrían los siete días de la semana e hizo que chicos de 16 años abandonaran el colegio, deseosos de poder comprarse un Audi nuevo
Ah, qué bella metáfora del hundimiento. Chavales semianalfabetos comprando Audis con el sueldo de encolar tablones mientras pobres pringados vivían de la caridad de sus padres y luchaban contra corriente en la Universidad con el horizonte del McDonald’s, o en el mejor de los casos, la temporalidad.
Durante el periodo de prosperidad -parte de una transformación general que el embajador de España en Estados Unidos llamó hace poco “los mejores años de nuestra historia colectiva de los últimos cinco siglos”-, lo extraordinario se convirtió en corriente. Como consecuencia, hoy es normal oír a la gente sorprenderse e indignarse por la crisis económica actual, algo que ha sucedido muchas veces en muchos países, y, en cambio, calificar el asombroso ciclo de cambios anterior como completamente normal.
Gente sin la más mínima formación salía del instituto a los 16 años y pasaba a ganar de 1500 pepinos para arriba en la obra… ¿cómo vamos a culparlos ahora de pensar que el dinero sale de debajo de una piedra – o mejor dicho, de un ladrillo?
España construyó un ferrocarril y unas carreteras de primera categoría y llevó a cabo proyectos turísticos. Construyó más viviendas nuevas que Alemania, Francia e Italia juntas… y vio cómo se duplicaban los precios de las casas. El gasto de consumo se incrementó dos veces más que la media europea durante esa década, y los salarios subieron un 30%. Cinco millones de inmigrantes nuevos se incorporaron al mercado laboral. En una especie de maquinaria en movimiento perpetuo, se necesitaba a los inmigrantes para que construyeran casas para sí mismos.
Esto no es más que una reproducción a escala de la monstruosa crisis del sistema financiero norteamericano: la financiación barata realimentaba la especulación del sistema en un bucle infinito y los gurús financieros realmente creyeron haber inventado la máquina del movimiento perpetuo (la “Nueva Economía”, lo llamaron). Problema: ese modelo se basa en una sola piedra angular: la revalorización continua de los activos. Como ‘ el precio de la vivienda nunca baja’, todo el mundo se creyó la milonga y se subió al carro. Hasta que bajó, claro.
Y algunos de los mecanismos que los Gobiernos utilizaban en el pasado para restablecer la competitividad -como las seis devaluaciones de la peseta entre 1977 y 1997- desaparecieron con la creación de la eurozona, lo cual supone una presión añadida para la unión monetaria y España
Claro, devaluar era una solución muy fácil… pero que no arregla mucho en un mercado laboral único consolidado. Si de la noche a la mañana un sueldo de 1000 € pasase a ser un sueldo de 700 €, aunque mantuviese su valor nominal en pesetas, cientos de miles de profesionales huirían del barco como ratas. En 1993, no. Hoy, sí. Por otro lado, parafraseando al Nobel Paul Krugman, “para los países pequeños no hay devaluaciones pequeñas”, en el contexto actual la espiral de devaluación podría ser brutal (antes del “corralito”, un peso argentino valía exactamente un dólar, hoy vale menos de 26 centavos).
“Las soluciones requieren o un gran consenso o un Gobierno fuerte. Y no tenemos ninguno de los dos”, dice Fernando Fernández, profesor de economía en la IE Business School. Añade: “Que tenemos un problema de competencia profesional en la clase política, es objetivamente cierto… Nunca hemos tenido un Gobierno más débil, nunca en la historia de España”.
Y sin embargo, se sigue haciendo demagogia constantemente con los sueldos de los políticos en España. Sueldos de mierda, políticos de mierda ¿o qué pensabais? Si el tío que tiene responsabilidad directa sobre 44 millones de españoles gana mucho menos que un controlador aéreo… ¿por qué habría que exigirle más cualificación?
“Hay que reflexionar sobre el futuro. No va a ser igual”, dice. “La economía tiene que cambiar y volverse más productiva. Va a necesitar un nuevo tipo de inmigrante“.
Esta es cojonuda. Aquí ya si que me he quedado patedefuá. Si en vez de buscar (y remunerar apropiadamente) el talento que existe en España el futuro es buscar ‘talento low cost’ en el extranjero, hay poco más que añadir. Mañana tengo la penúltima entrevista. Ámsterdam estará, con suerte, un peldaño más cerca. Cruzad los dedos.
ignacio te mereces que te vaya bien un beso
[...] This post was mentioned on Twitter by . said: [...]