Publicado el 24 jun, 2010


¿El fin de la cultura de la oposición en España?

técnicas para aprobar

Siempre he tenido la sensación de que en España la más alta meta laboral (en muchos casos, la única) de mucha gente era convertirse en funcionario. La oposición era el pasaporte para un futuro dorado: empleo vitalicio, poca presión en comparación con la empresa privada, flexibilidad, etcétera. Y así, muchos de los mejores “cerebros” del país se acababan convirtiendo en “X del Estado”. Abogado del estado, economista del estado, ingeniero del estado. Claro, luego nos preguntamos por qué no hay iniciativa empresarial, por qué la economía española no es competitiva, etcétera. Si la aspiración de la gente con capacidad e iniciativa es convertirse en notario, luego no nos quejemos de que los empresarios son garrulos.

Mi padre y mi madre son empleados públicos y siempre vieron con buenos ojos aquello de “la oposición”. A mí, por contra, nunca me hizo gracia la idea. Es decir, después de estudiar la (difícil) carrera, ¿seguir estudiando como mínimo otro par de años a tiempo completo parasitando a mis padres? Sí, lo de “ingeniero del estado” suena bien, pero… estar estudiando a tiempo completo hasta los 27 ó 28 años y después vivir apoltronado el resto de mi vida en el mismo trabajo… no, no me acaba de convencer, lo siento.

Viene esto a cuento de un artículo de El País en el que se retrataba el ‘drama’ de unos opositores que han sufrido en sus carnes el recorte de oferta de empleo público. El año pasado se convocaron 15 084 plazas de empleo público estatal. Este año, solamente 1 989, lo que ha barrido del calendario algunas convocatorias fijas como la de economistas del estado. Me imaginé a mí mismo dos años encerrado en bibliotecas, sin trabajo, sin vida, sintiéndome un inútil para la sociedad, para luego quedarme en pelotas, compuesto y sin novia oposición.

Con el recorte brutal de plazas disponibles y la bajada de sueldos a los funcionarios… ¿llega el fin de la cultura de la oposición a España?

Sinceramente, espero que así sea. Para empezar, porque creo que la oposición es un sistema de evaluación absurdo e injusto. ¿Cómo se puede evaluar a un ingeniero con un temario teórico de no-sé-cuántos tomos? Un buen ingeniero no es el que memoriza temarios, es el que resuelve problemas. Y luego viene lo gracioso, ¡vaya temario! ¿para qué sirve toda esa legislación? lo peor de todo es que el temario legislativo es el filtro inicial. Básicamente viene a ser así: filtramos a los que mejor se saben la legislación, y entre ellos, escogeremos luego a los que mejor sepan el temario técnico. ¿no debería ser al revés? filtrar primero a la gente con buenos conocimientos técnicos, y ya si es necesario desempatar entre ellos, que se lleven la plaza los que mejor dominen el tema legislativo. Sigue siendo injusto, pero menos.

Y aquí dejo la pregunta del millón: ¿quién está mejor preparado, un ingeniero con una experiencia de tres años en consultoría de proyectos (por ejemplo) o un “ingeniero” que nunca ha ejercido como tal pero sin embargo ha estado tres años empollando leyes y temarios teóricos? en lugar de tener a la gente en el dique seco estudiando un temario, ¿no sería más beneficioso -para todas las partes- que estuvieran trabajando, adquiriendo experiencia, y dicha experiencia se valorase en su justa medida a la hora de acceder al empleo público?

Otra razón más: uno podría pensar que teniendo a los mejores ingenieros (o economistas, o abogados, o lo que sea) el estado es más eficiente, ahorra dinero, está mejor gestionado, etc. ¡Qué va! estos funcionarios ‘dirigen’ y ‘controlan’ los proyectos, pero no los hacen ellos. Son adjudicados a empresas “de confianza” en concursos cuando menos controvertidos. Buscad en google “Tragsa, adjudicación, dedo”, ya veréis lo que son las cosas. Y estas adjudicatarias se dedican a subcontratar a cascoporro en plan cárnica, o sea que al final las cosas las acaba haciendo el último mono recién licenciado.

Pero quizá lo peor de la “cultura de la oposición” sea el desperdicio de talento. Una persona cualificada que se dedica 3 ó 4 años de su vida a tiempo completo a preparar una oposición no sólo está perdiendo los mejores años de su juventud: el conjunto de la sociedad también, ya que esa persona pordría estar produciendo, creando e innovando. Lo que pasa es que el estado, a la hora de seleccionar funcionarios, no reconoce esa contribución a la sociedad (o la reconoce poco). Parece que lo importante es saberse el artículo X de la constitución. Esa misma constitución que luego todas las instituciones se pasan por el forro de las pelotas cuando les conviene. En fin.

Al menos espero que, aunque sea por las malas (es decir, no convocando plazas y rebajando sueldos), se acabe esa actitud de “tú sácate la oposición que luego tienes trabajo pa-toa-la-vida”. Espero que la gente sea capaz de valorarse más a sí misma y no agarrarse como un clavo ardiendo a la “estabilidad” que ofrece papá estado. Leí hace unos días una frase que viene al caso: “la estabilidad laboral te la da tu currículum, no tu empresa“. Pues eso.

Imagen | flickr de Carlos Luna


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3 comentarios

  • Guille dice:

    mira, en este, no podría estar más de acuerdo…

    en casa tambien he tenido las tipicas recomendaciones o comentarios de “y no has pensado hacer una oposición, hijo?” -”pues no, padre…”. Y es que a mi tampoco me convence….

    pero de ahí a que realmente se acabe el amor a las oposiciones que existe en este pais, todavia queda un trecho… esperemos que asi sea de todas formas :)

  • Guille dice:

    ya ves, yo que soy asi de irreverente xD