Publicado el 13 jun, 2010


Sangría griega, sangría española

Gracias al twitter de Living in Greece, leo un interesante artículo del Wall Street Journal hablando sobre la nueva ola de emigración que se está produciendo en Grecia a causa de la crisis. El goteo de jóvenes griegos que echan currículums en empresas extranjeras o simplemente cogen los bártulos y se largan, es cada vez más intenso y va camino de convertirse en una auténtica riada.

Emigrantes griegos embarcando en Patras para América

Los griegos, como los irlandeses o los gallegos, son un pueblo emigrante por naturaleza. Por ejemplo, el griego es el cuarto idioma más hablado en Australia y es frecuente encontrar en Grecia jubilados que hablan alemán: lo aprendieron durante su estancia como ‘gastarbeiters’ en Alemania.

Pero hay una diferencia fundamental con las oleadas de emigrantes de los años 50, 60 ó 70. Ahora no se trata de brazos para trabajar en las fábricas, sino de cerebros en busca de una mejor formación y, posteriormente, un trabajo bien pagado en el extranjero. Buena parte del talento necesario para poner a Grecia de nuevo en marcha se está fugando a otros países de la Unión Europea como Holanda, Suecia, Alemania o Inglaterra sin ningún tipo de límites ni trabas.

El sistema universitario griego es un barco sin capitán, con la tripulación amotinada y que hace aguas por los cuatro costados, y la formación de calidad hay que buscarla en el extranjero (es un tema que da para hablar largo y tendido… en otra ocasión). Los griegos invierten millones de sus impuestos en financiar la monstruosa universidad pública, para que luego sus licenciados tengan que marcharse al extranjero sin generar riqueza en el país.

Hay un dato recogido por el artículo que me parece especialmente significativo: tanto entre las clases altas como las clases medias es muy popular complementar los estudios universitarios con posgrados en el extranjero. Pero hay una diferencia: los jóvenes de clase alta generalmente vuelven. Son, por decirlo de alguna manera, los dueños de Grecia. Tienen bancos, empresas, comercios y fábricas que dirigir. Tienen un país que controlar y cargos políticos que ocupar (Papandreu es un perfecto ejemplo. Su padre ya fue primer ministro antes que él. El padre de su padre, también).

Sin embargo, la tasa de retorno de los jóvenes de clase media es mucho menor. Sus expectativas de futuro en Grecia, con la actual situación, son muy limitadas, mientras que en el extranjero se encuentran salarios decentes, posibilidades de promoción laboral y una buena calidad de vida. Y así, toda una generación de jóvenes bien preparada, que domina el inglés y que no le tiene miedo al mundo exterior, hace la maleta y deja de generar riqueza en Grecia.

Pero la gracia del asunto es que, de tanto hablar de Grecia, parece que en España la gente se olvida de analizar la situación en su propio país. La fuga de cerebros de Grecia está sucediendo también en España. Los jóvenes españoles mejor preparados y sin un padre o padrino que les garantice un buen puesto de trabajo en España hacen las maletas hacia otros países donde, por ejemplo, la investigación científica está bien valorada social y económicamente, donde existe una verdadera política de conciliación laboral y donde los jefes te valoran por ser más competente, no por ser más lameculos y quedarte más horas en la oficina como sucede en España.

En cuanto a expectativas de futuro para los jóvenes, la situación en España es aún peor que la de Grecia. Según los últimos datos de Eurostat, el paro juvenil en Grecia es del 27,5 %, mientras que en España alcanza un escandaloso 39,8 %. Y mucha gente cualificada no está dispuesta a venderse por un plato de lentejas (léase, trabajar como un negro en una consultora cárnica en Madrid con un salario de 1,400 €), cuando en el extranjero se está valorando a los jóvenes españoles cualificados con puestos y salarios acordes a lo que realmente se merecen.

Yo por mi parte, ya estoy buscando trabajo en Holanda para cuando se acabe mi aventura griega. Las referencias de gente de mi ciudad, con mi misma carrera, que han emigrado allí en busca de un futuro decente, no podrían ser mejores. El que se quiera consolar con la gilipollez de que “como en Ejpaña no se vive en ningún lao“, enhorabuena por él. Ya lo dice el refrán, el que no se consuela es porque no quiere.

Este artículo se publica simultáneamente aquí y en Una Odisea en Grecia


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