Publicado el 29 ago, 2010


¡Hola, hola! Comienza ‘Tiempo de Juego’

Me crié en una casa donde “radio” y “Cadena SER” son sinónimos intercambiables (hasta tal punto que durante las 24 horas la SER está encendida en algún rincón). Crecí con Gabilondo por las mañanas, Carlos Llamas por las noches, y por supuesto, con el deporte. Con el Larguero (en la época en que era un programa innovador que ofrecía algo diferente cada noche). Con las retransmisiones ciclistas de Javier Ares. Con las desconexiones locales pucelanas de José Ignacio Tornadijo. Y por supuesto, con el Carrusel Deportivo.

El Carrusel es (era) mi telón de fondo durante las generalmente aburridas tardes de domingo. Y la verdad es que se hacían largos los meses de verano en los que el fútbol se iba de vacaciones. No sigo el fútbol con especial interés, pero el Carrusel era todo menos fútbol. Era una forma única de hacer radio. Era humor con el toque justo de mala leche. Y para mí, particularmente, durante estos casi dos años (interrumpidos) en Grecia, ha sido una forma de sentirme como en casa. Escuchando a Pepe Domingo Castaño gritar “¡Hola, hola!” a cualquiera se le pasa la morriña aunque sea por un rato.

Sin embargo hace un par de meses, la Cadena SER decidió echar al director de orquesta, Paco González. Quizá pensaron que una sola pieza es remplazable. Pero igual que en un coche no es lo mismo quedarse sin retrovisor que sin correa de distribución, no es lo mismo prescindir del director que de cualquier colaborador. Sin retrovisor es más complicado conducir, pero es que sin la correa, el coche no anda.

Estaba claro que sin Paco no había Carrusel, pero también estaba claro que esa fórmula radiofónica era demasiado exitosa como para acabar de esa manera en la cumbre de su éxito. Carrusel era prácticamente el único programa radiofónico de masas (porque la radio es, para el 90% de las emisoras y durante el 90% del tiempo, un medio marginal). Y así, después de muchos dimes y diretes, se anunció que la gran mayoría del equipo se pasaba a la Cope.

Un momento, ¿la Cope? ¿la radio de los obispos? ¿la de las manis antiabortistas y la misa en directo? Habiéndome criado con la SER, el shock era demasiado fuerte como para asumirlo sin paños calientes. Reconozco que me generó un dilema importante. ¿De verdad me gusta tanto ese programa como para oír la Cope? Pues… la verdad es que sí. Que al fin y al cabo, la vida son dos días, y si me gusta escuchar a Paco y Pepe Domingo, ¿por qué me voy a tener que amargar escuchando una imitación por una cuestión de “principios”? Ni que los dueños de la SER fueran hermanitas de la caridad o una ONG revolucionaria. También son empresarios cuya única ideología es el dinero. El “dilema” no es para tanto.

Y volviendo a escuchar a Pepe Domingo, me he sentido otra vez como en casa. ¿Qué más da si en vez de Carrusel dicen Tiempo de Juego? ¿Si en vez de Cadena SER dicen Cadena Cope? Sigue siendo mi programa. El que me ha acompañado cada fin de semana durante años y años. El del humor, la irreverencia y las cuñas publicitarias surrealistas. El del sonido inconfundible imprescindible.

También he escuchado el nuevo “Carrusel” de la SER durante un rato. No es lo mismo (¿cómo iba a serlo?). Es un programa digno, escuchable, donde quedan muchos de los colaboradores que hicieron grande el antiguo Carrusel. Pero… no es lo mismo. También son dignos los programas deportivos de Onda Cero, Radio Nacional y otras emisoras, y siguen sin acercarse ni por el forro a Carrusel Tiempo de Juego. La SER puede hacer la apuesta que quiera, pero el partido ya lo perdió de antemano. Cuando se arregla lo que no está estropeado, pasan estas cosas.

Hasta ahora tenía muchos amigos que jamás escucharían la SER en lugar de sus respectivas emisoras de cabecera. Pero sin embargo, cada fin de semana cambiaban a Carrusel (“es que no hay color“). Ahora han cambiado las tornas. Yo soy de esos que jamás escucharía la Cope, salvo cuando hacían ese programa de humor por las mañanas (lo presentaba un tal Federico, era la hostia, nunca mejor dicho). Pero cada domingo, me pasaré a Tiempo de Juego. ¡Hola, hola!


<< Atenas / Salónica: un país, dos ciudades | Grecia, una complicada historia de amor >>

Un comentario