Salónica: la Universidad que se construyó sobre un cementerio judío

Cementerio judío de Salónica

Diciembre de 1942, Salónica. 500 trabajadores municipales se afanan en la destrucción de uno de los cementerios judíos más antiguos y grandes de Europa (35 veces más grande que el famoso cementerio judío de Praga). Las tumbas, muchas de ellas de casi cinco siglos de antigüedad, son arrancadas de cuajo, los bloques de mármol apilados sin orden ni concierto. Los familiares de todos los allí enterrados corren al cementerio. Lloran, suplican, si tienen suerte recogen los huesos profanados.

Un superviviente escribiría lo siguiente:

La visión era estremecedora. La gente corría entre las tumbas suplicando a los destructores que salvasen las de sus parientes. Entre lágrimas, recogían los restos. 1

Hablaban español. O mejor dicho, judezmo, la lengua de los judíos expulsados de la península Ibérica en 1492, que no era más que un castellano arcaico trufado de palabras hebreas, turcas y griegas. Los judíos españoles (quizá sería más correcto llamarlos “españoles judíos”, después de todo) fueron acogidos con los brazos abiertos por los sultanes otomanos, en tiempos en los que el cristianismo era la religión integrista que quemaba infieles y el Islam la que acogía y miraba hacia el futuro. De España se trajeron las costumbres, y sobre todo, el idioma. Fueron la comunidad mayoritaria de Salónica hasta que la ciudad fue conquistada por las tropas griegas en 1914, y siguieron siendo decenas de miles hasta la II Guerra Mundial.

Como en tantos otros lugares de Europa, la ocupación alemana y la barbarie nazi extirpó de Salónica una comunidad judía con siglos de arraigo. Salónica era la capital mundial de los sefardíes, en ninguna otra ciudad había una comunidad tan grande, y en ninguna otra ciudad tenían el poder que alcanzaron allí.

Sin embargo, el nacimiento de los estados-nación a principios del siglo XX y la conquista de la “Nueva Grecia” (los territorios del norte incluyendo Salónica) puso a los sefardíes en una complicada situación. El desastre de 1922 en Asia Menor y la llegada de los refugiados supuso dos cosas: que los griegos (ortodoxos) remplazaban a los sefardíes como grupo mayoritario en Salónica, y que éstos quedaban prácticamente como la única “minoría” de la ciudad tras la expulsión de los turcos.

Los sefardíes se convirtieron así en un “problema” para las autoridades griegas. Medidas como colegios electorales separados o las discriminaciones en el realojamiento tras el gran incendio de 1917 indicaban por donde iban a ir los tiros. Tras el estallido de la II Guerra Mundial, en medio de la ola de antisemitismo y con la ciudad ocupada por las tropas alemanas, a finales de 1942 las autoridades griegas ordenaron la destrucción del cementerio judío de Salónica. La petición del jefe de los rabinos de posponer los trabajos hasta después de invierno fue respondida con la orden de inicio inmediato de las “obras”. Las lápidas fueron usadas para construir calles, muros e incluso una piscina.2

A lo largo de 1943, los judíos de Salónica fueron definitivamente deportados hacia el exterminio, sólo unos pocos afortunados se salvaron, aunque esa es otra historia (que quizá habrá que contar en otra ocasión).

Universidad Aristóteles

Pero, volviendo al principio de la historia… ¿qué pasó con el extenso cementerio de los sefardíes? tras la II Guerra Mundial, con la comunidad judía desmantelada en su práctica totalidad y sólo unos pocos centenares de supervivientes y retornados, las autoridades griegas consideraron el terreno expropiado a todos los efectos. Una enorme mancha vacía entre los barrios céntricos y los suburbios orientales de la ciudad, donde las planificaciones urbanísticas preveían una gran zona verde. Voilà, ya se había encontrado una solución al problema de la localización de la Universidad.

La Universidad Aristóteles de Salónica fue fundada en 1925. Se trataba de la segunda universidad moderna de Grecia (la primera fue la Kapodistria de Atenas). Los planes iniciales pretendían establecerla en Esmirna, pero la catástrofe de Asia Menor lo impidió. Desde su fundación, estuvo en la villa Alatini (los Alatini, por cierto, eran una importante familia sefardí) y en un antiguo palacio otomano situado en el borde del mismo cementerio. Un espacio sin duda insuficiente. Los terrenos “liberados” del cementerio judío fueron la solución al problema.

Hoy en día, la Aristóteles es la Universidad más grande de Grecia y todos los Balcanes, con cerca de 100 000 estudiantes (que convierten a Salónica en la ciudad académica por antonomasia). Sin embargo, la historia “oficial” de Grecia no habla demasiado sobre los sefardíes, y muchos de los estudiantes que recorren cada día el campus desconocen que caminan sobre los restos de uno de los cementerios judíos más grandes que jamás existieron. Muchos profesores de la Universidad, conscientes del pasado, llevan mucho tiempo reclamando la construcción de un memorial que recuerde el origen del campus. Las autoridades, de momento, han hecho caso omiso.

1,2 La cita original así como las referencias históricas pertenecen al fabuloso libro de Mark Mazower “Salónica, la ciudad de los fantasmas“, que narra la convivencia de cristianos, musulmanes y judíos en la ciudad desde la conquista otomana en 1430 hasta el final de la II Guerra Mundial.


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