Publicado el 23 dic, 2011


Sistemas electorales de preferencias ordenadas

Una de las principales críticas a los sistemas mayoritarios (uninominales y plurinominales) es su falta de proporcionalidad. Si los candidatos se agrupan en listas, la lista más votada tiende a monopolizar la representación. Se trata, además, de sistemas donde la representación de minorías es bastante complicada. En definitiva, como su nombre indica, los sistemas mayoritarios están diseñados para que gobierne la mayoría sin tener en cuenta más consideraciones.

Una forma de paliar estos defectos, manteniendo un sistema de “voto a personas” y listas abiertas es el voto preferencial: los electores pueden votar a varios candidatos pero no todos los votos valen lo mismo, sino que se ordenan de mayor a menor. Por ejemplo, si en un determinado distrito se eligen cuatro escaños, cada votante marcará con “1″ su candidato favorito, “2″ al siguiente más favorito, “3″ al siguiente y “4″ al último dentro de sus favoritos. Existen diferentes sistemas para contabilizar las preferencias.

Los sistemas de preferencias ordenadas generan resultados relativamente proporcionales (sobre todo en comparación con los mayoritarios): los últimos candidatos de las listas mayoritarias se suelen llevar muchos votos pero con muy poca preferencia, de modo que son superados por candidatos de fuerzas minoritarias con pocos votos pero alto orden de preferencia. También se reduce el “voto inútil”, los votantes saben que si el candidato de su primera preferencia no resulta elegido, al menos sus siguientes preferencias pueden contribuir a otros candidatos.

La principal crítica a este sistema es la complejidad del recuento (se deben hacer tantos recuentos independientes como órdenes de preferencia). En la práctica, con sistemas preferenciales es casi imposible tener distritos de más de 7 u 8 representantes (si no, el recuento sería demencial). Trasladando esto a España, supondría que los partidos minoritarios de ámbito nacional como IU o UPyD lo tendrían aún más difícil para obtener representación. Otra crítica es la posibilidad de votos cruzados para que varias minorías anulen a una mayoría. Pero salvo coaliciones electorales explícitas, este efecto negativo solo tiene impacto real en elecciones pequeñas donde se puede controlar una parte muy significativa del electorado (por ejemplo, una facultad universitaria).

La complejidad de estos sistemas es tal que hay ilimitadas permutaciones de posibles sistemas electorales teniendo en cuenta como se ponderan, distribuyen y transfieren las preferencias. Veamos algunos de los fundamentales.

Voto por puntuación (método Borda)

Se trata sencillamente de asignar más puntos a los candidatos más preferidos. Si un votante puede marcar n votos (ordenados del 1 al n), el candidato favorito recibe n puntos, el siguiente preferido n-1 puntos, el siguiente n-2 y así sucesivamente hasta que el enésimo recibe un punto. Al final, los candidatos con más puntos resultan elegidos.

Haciendo unas sencillas simulaciones se puede ver fácilmente que si los candidatos están agrupados en listas, el resultado es poco proporcional respecto a los votos obtenidos por cada lista*, beneficiando claramente a los partidos más votados. Este sistema sólo resulta útil en listas verdaderamente abiertas donde los candidatos no están agrupados en partidos o coaliciones. Por tanto no suelen usarse en elecciones parlamentarias (salvo cuando se elige un solo candidato – caso de las minorías nacionales en Eslovenia).

Sí que se usa, en cambio, en elecciones dentro de organizaciones pequeñas (por ejemplo, para elegir una delegación), donde los candidatos se presentan a título individual y no agrupados en candidaturas. En este caso, el método Borda tiene la virtud de premiar a los candidatos de consenso (es decir, a los candidatos votados por más gente, aunque no sea como primera preferencia). Poniendo un sencillo ejemplo, si se pueden elegir cinco preferencias, cuatro votos de segunda preferencia valdrán más (4 votos * 4 puntos = 16) que tres votos de primera preferencia (3 votos * 5 puntos = 15). Dicho de otra forma, para ganar en el método Borda no hay que obtener el mayor número de “votos favoritos” sino la puntuación promedio más alta. Como curiosidad, el método de elección del antiguo Balón de Oro era básicamente este mismo: cada elector escogía sus tres favoritos, otorgándoles 5, 3 y 1 punto.

* Nota: existe un método Borda bastante más complejo que sí consigue resultados relativamente proporcionales a las listas, denominado “método Borda de cuota

Voto fraccionado

Se trata de una corrección del anterior que premia las preferencias frente al voto de consenso, es decir, los candidatos con primera preferencia reciben un peso considerablemente superior que los de segunda preferencia y sucesivas. Concretamente, el primer voto vale 1 punto, el segundo voto 1/2 puntos, el tercer voto 1/3 puntos y así sucesivamente hasta el enésimo voto que recibe 1/n puntos.

Este sistema es más resistente al posible amaño de elecciones mediante votos cruzados y de paso genera resultados aceptablemente proporcionales cuando los candidatos están agrupados en listas. Se puede demostrar, de hecho, que si cada votante votara sólo a los candidatos de una determinada lista, la distribución de escaños a cada lista sería la misma que usando el método d’Hondt con listas cerradas. La ventaja, claro, es que siendo listas abiertas, candidatos pertenecientes a partidos minoritatios pero con mucho apoyo popular tienen más fácil ser elegidos que con listas cerradas (o que candidatos pertenecientes a partidos mayoritarios pero poco populares puedan ser relegados por los votantes).

En el mundo real, se usa en las elecciones parlamentarias del pequeño archipiélago de Nauru (aunque allí no tienen candidaturas sino una lista puramente abierta donde todos los candidatos se presentan a título individual). Aplicado a España, este sistema podría resultar una alternativa sencilla para dar cierta proporcionalidad al sistema electoral del Senado y facilitar la representación de partidos minoritarios en el mismo, sin complicar excesivamente el recuento o el formato de las papeletas (solo que en vez de marcar cruces habría que marcar números del 1 al 4).

Voto personal transferible

Este sistema (conocido como STV por sus siglas en inglés) es similar a los anteriores en la forma de votar (cada votante puede elegir n candidatos, marcándolos del 1 al n según su orden de preferencia), pero hay una diferencia conceptual entre ambos: los métodos anteriores son acumulativos. Todos los candidatos votados reciben “parte” del voto, con diferente ponderación. En el sistema transferible, sin embargo, el voto lo recibe sólo el candidato favorito. Si ese candidato no necesita el voto (bien porque tiene demasiados y ya ha sido elegido; o demasiado pocos y ya ha sido eliminado) es entonces cuando el voto se transfiere a su siguiente preferencia, y así sucesivamente.

Lo primero que se hace es definir una cuota: todo candidato que supere la cuota en primera ronda será elegido, y los escaños sobrantes se van eligiendo a medida que las sucesivas preferencias vayan permitiendo superar la cuota a otros candidatos. Generalmente se usa la cuota Droop: si se eligen m escaños y hay N votos, la cuota Droop es Q = (N/[m+1]) + 1. Suena complicado pero en realidad es sencillo. Por ejemplo, si solo se elige un escaño, la cuota Droop es sencillamente la mitad de los votos más uno. Si se eligen dos escaños, la cuota es un tercio de los votos más uno, etc. En general, si se eligen m escaños, es matemáticamente imposible que más de m candidatos superen la cuota Droop.

Nota: existen variantes que usan la cuota Hare, Q = N/m, sin embargo ésta tiene dos desventajas fundamentales: 1) menos escaños elegidos en primera ronda y por tanto complejidad adicional del proceso al necesitar más recuentos de preferencias sucesivas 2) favorece a las listas minoritarias, pudiéndose dar la paradoja de que un partido con mayoría absoluta de votos no obtuviera la mayoría absoluta de escaños, cosa que la cuota Droop sí garantiza. Los frikis electorales pueden satisfacer su curiosidad con el excelente artículo de Wikipedia comparando ambas cuotas.

El proceso de asignación de escaños es bastante complejo (ver un ejemplo detallado), pero resumiéndolo en sencillos pasos:

1. Se cuentan las primeras preferencias, y todos los candidatos que superen la cuota son elegidos.

2. Se cuentan las segundas preferencias de los candidatos ya elegidos y se transfieren a los candidatos aún no elegidos, en proporción a los votos sobrantes de la cuota (por ejemplo, las segundas preferencias de un candidato electo que supera la cuota por 1000 votos valen el doble de las de un candidato que supera la cuota por 500). Si la segunda preferencia de un candidato electo es otro candidato también electo, se remplaza por la tercera preferencia, y así sucesivamente.

3. Una vez asignadas las segundas preferencias, si aún no se han asignado todos los escaños, se elimina el candidato con menos votos, transfiriendo sus segundas preferencias a los candidatos que quedan en liza. Si después siguiesen quedando escaños sin asignar se vuelven a repetir los pasos 2 y 3 hasta que el número de candidatos que superan la cuota sea igual al número de escaños por asignar.

El STV (usado, por ejemplo, en ambas Irlandas, el Senado australiano o, desde el año pasado, Islandia) es considerado por algunos como la panacea de los sistemas electorales ya que combina listas abiertas con proporcionalidad, ofreciendo además una gran flexibilidad al votante, que puede distinguir sus candidatos más preferidos respecto a otros. La realidad es que no es práctico tener distritos mayores de 7 escaños, con lo cual, aplicado a España, los resultados serían menos proporcionales que con el actual sistema. Podría ser quizá una buena idea para el Senado (donde prácticamente cualquier sistema es mejor que el actual).

En algunos lugares se usa una versión del STV donde se elige un solo escaño, es lo que se denomina “instant-runoff voting” o “segunda vuelta instantánea”. Se trata de una alternativa al sistema mayoritario uninominal, más “justa” que el “first-pas-the-post” pero sin añadir la complejidad adicional de una segunda vuelta.

Como se ve, a pesar de que en teoría se trata de un muy buen sistema electoral (respecto al equilibrio de características deseables) en la práctica tiene muchas críticas. Para empezar, es un sistema muy complejo, al votante medio le cuesta entender el mecanismo que hay detrás del sistema para convertir determinados votos en escaños. El recuento, por otra parte, es absolutamente tedioso y se puede prolongar durante días. Asimismo, existen diferentes métodos para transferir las segundas preferencias, algunos de los cuales introducen cierto componente de aleatoriedad o son tan complejos que necesitan recuento por ordenador (ver artículo).

En resumen, los sistemas electorales de preferencias ordenadas equilibran bastante bien las características deseables de un sistema electoral… pero son demasiado complejos de implementar para beneficiarse de todas sus ventajas. La realidad ha demostrado que hay un considerable número de problemas a tener en cuenta. Una alternativa a los sistemas de preferencias ordenadas son los sistemas mixtos (como el alemán), que combinan varios sistemas electorales sencillos, en lugar de un sistema complejo.


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2 comentarios

  • Alberto dice:

    Si no lo he entendido mal, el sistema de voto transferible a un solo candidato tiene otras ventajas sobre la segunda vuelta ordinaria. Supongamos que la derecha obtiene el 45%, el centro el 30% y la izquierda el 25%. En un sistema de doble vuelta, la izquierda caería en primera ronda y sus votos irían al centro en la segunda vuelta, dándole la victoria. Imaginemos que el partido de dentro presenta un candidato A que gana a B en las primarias, pero que B es más popular entre los electores frente a A. ¿No sería más democrático que ganase B? Supongamos que B puede presentarse por libre, pero ¿con qué consecuencias? Imaginemos que, de concurrir A y B a las elecciones, el 30% del centro se reparte en 10% para A y 20% para B. En primera vuelta caerían ambos y el la segunda vuelta el electorado centrista tendría que arbitrar entre dos candidatos ajenos, cuando podrían estar eligiendo entre dos candidatos propios. Con este sistema B no debería presentarse. Con el voto transferible, A caería en primera ronda, transfiriendo su 10% a B, concurriendo a la segunda ronda la derecha con 45%, B con 30% y la izquierda con 25%. En la segunda ronda caería la izquierda, transfiriéndole su 25% a B, quien ganaría en tercera ronda con el 55%. De esta manera, con una sola votación se han tenido lugar 3 rondas, una de las cuales corresponde a una primarias del centro en toda su base electoral (no solo entre los miembros del partido) y las otras 2 corresponden a las dos vueltas.

  • Ignacio dice:

    De hecho, lo que comentas es un problema general de las listas cerradas (el sistema mayoritario uninominal es un caso particular de lista cerrada con un solo candidato por lista), la lealtad al partido es necesaria para ser candidato, con lo que se generan unos mecanismos de selección de candidatos extraños y opacos (uno de los principales déficits del sistema parlamentario español, por cierto). Pero como comento en el post, un gran problema es que mientras los sistemas mayoritarios son muy sencillos y transparentes para el votante, el instant-runoff voting es un sistema complejo que requiere una cultura política que, en esto momentos, no es fácil de encontrar en muchas sociedades.