Publicado el 15 dic, 2011


Sistemas electorales mayoritarios

Lo prometido es deuda, es hora de hablar de sistemas electorales concretos y de como se equilibran en la práctica los conflictos de preferencias derivados de la paradoja de Arrow. Empezaremos hablando de uno de los sistemas más antiguos (y simples): el mayoritario, o estrictamente hablando, el mayoritario uninominal (ya que tenemos sistemas mayoritarios plurinominales – las famosas “listas abiertas” – pero les dedicaremos un post aparte).

En el sistema mayoritario, el territorio se divide en distritos, y en cada distrito se elige un solo representante. Al contrario de lo que indica la creencia popular, este sistema no es de listas abiertas. Un sistema donde solo se puede elegir a un candidato de la lista equivale a un sistema de listas cerradas donde cada lista se compone de un solo candidato.

A favor de este sistema se suele argumentar que fomenta la proximidad de representantes y representados (cada ciudadano tiene “su” diputado al que pedir cuentas). Por otro lado, es un sistema muy poco proporcional con tendencia a cerrar el paso a las minorías y outsiders.

¿Cómo funciona? los electores eligen a su candidato preferido de todos los posibles y gana el que tenga la mayoría. La definición de “mayoría” no es trivial, en algunos casos se refiere a la mayoría simple (el que tenga más votos), en otros casos hablamos de una mayoría cualificada (generalmente absoluta), de modo que puede ser necesaria una segunda vuelta. Así que tenemos dos opciones.

‘First past the post’

El sistema más simple de todos: en cada distrito es elegido quien tenga más votos, independientemente de cuan “grande” sea la victoria. Se trata del sistema electoral del Reino Unido (uno de los parlamentos más antiguos en activo). Este sistema suele fomentar el bipartidismo (es muy poco probable que partidos minoritarios sean el partido más votado en ningún distrito).

En el caso inglés, por ejemplo, el sistema electoral castiga sistemáticamente a los liberal-demócratas, que a pesar de obtener consistentemente más del 20% de los votos, nunca llegan al 10% de representantes dado que sus candidatos son los más votados en muy pocos distritos. Los resultados son terriblemente poco proporcionales, en general. En un determinado distrito, da igual ganar por un voto que triplicar al adversario. Da igual ganar con el 20% de los votos que con el 80%. Mientras seas el más votado, te llevas el puesto. A pesar de esto, los votantes británicos rechazaron cambiar el sistema en un reciente referéndum.

En España, el sistema inglés sería muy beneficioso para el PP, que suele ser el partido que gana en más sitios. Con un resultado como el de las últimas elecciones, con el sistema inglés el PP acapararía tranquilamente cerca de 3/4 del Congreso (básicamente una mayoría similar a la que tienen actualmente en el Senado). Dado que el primer partido se lleva el escaño independientemente del margen de victoria, el PP ganaría en muchos distritos mayoritariamente de izquierdas donde el voto se divida entre PSOE e IU. Tanto IU como UPyD serían extraparlamentarios y sólo los partidos nacionalistas mayoritarios (CiU, PNV y Amaiur) obtendrían algún representante en sus territorios.

Para conseguir un reparto “más justo” se define el concepto de “mayoría cualificada”, donde no basta cualquier margen de victoria para obtener el escaño.

Sistema de doble vuelta

El sistema de doble vuelta trata de resolver los desequilibrios del ‘first past the post’ garantizándose que el representante elegido haya obtenido un apoyo “suficientemente grande” (mayoría cualificada).

En casi todos los casos, el mecanismo es el siguiente: se trata de elegir al candidato que supere la mitad de los votos en un máximo de dos intentos. Se hace una primera vuelta con todos los candidatos y si alguno supera el 50% sale directamente elegido; si no, se toman los dos candidatos más votados para una segunda ronda, siendo elegido el más votado de los dos. ¿Por qué sólo dos candidatos? porque de esta forma aseguramos que al segundo intento uno de ellos obtendrá más de la mitad de los votos.

Este es precisamente el sistema francés. Al contrario que en el caso inglés, los partidos minoritarios tienen un papel importante, ya que su apoyo a uno u otro candidato en la segunda vuelta puede decantar la balanza. También reduce el “voto inútil”, los votos a minoritarios en primera vuelta sirven para indicar el apoyo real de cada partido dentro de cada “bloque ideológico” y no existe el temor a la dispersión de votos entre varias candidaturas similares, ya que los votantes saben que dicho voto se puede volver a reagrupar en un candidato común para la segunda vuelta.

El sistema francés tiene un efecto curioso: es capaz de aislar de manera muy eficaz a quien no es capaz de pactar con el resto. Históricamente, los ultraderechistas del Frente Nacional ha tenido un fuerte apoyo en Francia (¡Le Pen llegó a una segunda vuelta presidencial!) y sin embargo nunca se han llevado más de un par de diputados en la Asamblea Nacional. Por contra, los comunistas y verdes, con menos votos, obtienen más representación ya que en algunos distritos reciben el apoyo de los votantes socialistas en segunda vuelta.

En España, en términos generales, el sistema francés sería beneficioso para el PSOE. Aunque probablemente la mayoría de primeras vueltas las ganase el PP, en muchos distritos donde el PP no ganara con mayoría absoluta, el PSOE lo tendría fácil en la segunda vuelta con el apoyo de votantes de IU u otros minoritarios de izquierda. La irrupción de UPyD en las últimas elecciones quizá haría decantar otros distritos del lado del PP en 2ª vuelta, pero históricamente el PSOE siempre ha sido más capaz de pactar con otros partidos que el PP. Como contrapartida, IU podría presionar para concentrar el voto de izquierdas en distritos concretos con el apoyo del PSOE. Es decir, es un sistema menos perjudicial con los minoritarios que en el caso inglés, ya les deja bastante espacio para negociar e imponer condiciones a los mayoritarios a cambio de apoyos en segunda vuelta.

Existen variantes en el sistema de segunda vuelta, generalmente relacionadas con los umbrales de victoria. En algunos sistemas no hace falta el 50% de los votos para ganar en primera vuelta, basta con obtener un 40% o 45%; también existe la posibilidad de que la victoria en primera vuelta esté definida por la diferencia entre el primero y el segundo (por ejemplo, si un partido gana con el 20% de ventaja sobre el segundo, gana en primera vuelta aunque no alcance el 50% de los votos totales).

Otra forma es establecer umbrales mínimos, por ejemplo, todos aquellos que superen el 25% pasan a segunda vuelta (lo que podría dar lugar a segundas vueltas con tres candidatos). No conozco, sin embargo, ningún caso de sistema mayoritario donde existan ejemplos de tercera vuelta.

Los distritos electorales

Hemos dicho que el sistema mayoritario consiste en que cada distrito elige un solo representante, pero ¿cómo se forman los distritos? en general se busca obtener distritos de población similar, pero es imposible que todos los distritos contengan exactamente el mismo número de votantes, de modo que “no todos los votos valen lo mismo”. Esto genera la tentación de que quien crea los distritos los defina para su propio beneficio, por ejemplo, creando distritos ligeramente menos poblados allá donde espera que su partido gane (por tanto hacen falta menos votos para obtener dichos escaños).

Otra tentación recurrente es la de diluir a las minorías dividiéndolas en distritos. Esto era muy habitual en Estados Unidos, donde los barrios negros, en lugar de tener un distrito asignado, solían ser troceados y divididos entre varios distritos adyacentes de forma que la mayoría en cada distrito era blanca. Esto es lo que se conoce como “gerrymandering“. En Irlanda del Norte también fue utilizado para reducir la representación de los católicos, asegurándose de que sus barrios quedaran divididos en distritos de mayoría protestante donde siempre solían salir elegidos candidatos protestantes.

En general, en la actualidad los sistemas mayoritarios se consideran una reliquia que, a pesar de sobrevivir en algunos países por tradición, son generalmente rechazados por ser poco proporcionales y mantener a las minorías sin representación.


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