Publicado el 27 nov, 2012


De dulces derrotas y amargas victorias

Amarga victoria

Imaginemos por un momento que alguien que no tiene ni idea de política catalana, ni ha seguido la campaña electoral, tiene que analizar los resultados del pasado domingo basándose simplemente en los números. Y se encuentra un partido, CiU, que ha ganado con muchísima claridad en el conjunto de Cataluña, en cada una de sus cuatro provincias y en 40 de sus 41 comarcas. Un partido que suma más votos y escaños que el segundo y el tercero juntos. Un partido que suma en solitario más escaños que todos los partidos “proespañoles” (PSC, PP y C’s) juntos. Un partido que se ha asegurado otra legislatura de gobierno y que, con los números en la mano, no tiene a nadie que le vaya a disputar la hegemonía política catalana a medio plazo. La conclusión obvia es que este partido ha obtenido un claro triunfo.

Pues no. Según los medios de comunicación, ha sido un enorme fracaso a pesar de los números. ¿En serio? Sí, es cierto que la victoria de CiU ha sido menor de lo esperado, que se han dejado un buen puñado de votos en el camino y que, en definitiva, a Mas el tiro le ha salido por la culata. Pues bueno. Esperaban ganar por cinco a cero y al final “solo” ha sido tres a cero. Sigue siendo una clara victoria, y un magro consuelo para los perdedores.

Entonces, con los datos en la mano, ¿hay perdedores? Pues sí. A pesar de la manía que tienen todos de declararse ganadores, sí que hay perdedores. Os voy a dar unas pistas sobre quiénes son, o mejor dicho, no son.

El partido que ha pasado de 10 a 21 escaños, de quinta a segunda fuerza política y de actor secundario a liderar la oposición (o pactar con CiU en condiciones de cuasi-igualdad) desde luego no es.

El partido que ha pasado de 3 a 9 escaños (¡el triple!) tampoco es, obviamente.

La candidatura que ha pasado de anécdota extraparlamentaria a obtener tres escaños, tampoco.

Los que han pasado de 10 a 13, aumentando un 50% su número de votos, tampoco son.

Ni siquiera lo es el partido que ha pasado de 18 a 19, que, sin ser para tirar cohetes, no deja de ser un avance.

¿Ya caéis en la cuenta de quién es el absoluto perdedor de los comicios? exacto, el PSC, ese partido que hasta hace un par de años ostentaba la presidencia de la Generalitat, que llegó a superar el millón de votos en su día, que ha sido la única alternativa real de gobierno a CiU en 30 años; y que el domingo se quedó por debajo del 15% de los votos, perdiendo ocho escaños y destrozando sus peores registros. Pero oiga, que como la caída ha sido “menor de lo que pronosticaban las encuestas”, tan contentos. Siguiendo con la metáfora futbolística, esperaban perder cero a cinco y al final fue “solo” cero a cuatro… el que no se consuela es porque no quiere, desde luego.

Hace siete años y medio hubo unas elecciones en las que se presentó un señor con un plan soberanista bajo el brazo, pidiendo una mayoría absoluta para poder llevarlo a cabo, ¿os suena el guión? Fueron las elecciones vascas del famoso “plan Ibarretxe“. Igual que le sucedió a Mas el domingo, la victoria del PNV en aquellas elecciones estuvo bastante por debajo de sus expectativas. Pero aquella noche, consciente de que las expectativas son subjetivas, y que lo objetivo son los datos, Ibarretxe declaró que “no hay victorias ni dulces ni agridulces, las victorias son victorias y las derrotas son derrotas. No hemos tenido tanta fuerza como hace cuatro años, pero de nuevo la sociedad vasca en la que más ha confiado ha sido en PNV-EA“. Tenía razón. Una vez que se pasa el sabor de boca, dulce o amargo, el que gana gobierna, como lo hizo el PNV en aquella ocasión y como lo hará CiU en esta. Y el que pierde, por más dulce que sea su derrota, se queda observando cómo son otros los que llevan a cabo sus proyectos.


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