Publicado el 27 nov, 2012


De dulces derrotas y amargas victorias

Amarga victoria

Imaginemos por un momento que alguien que no tiene ni idea de política catalana, ni ha seguido la campaña electoral, tiene que analizar los resultados del pasado domingo basándose simplemente en los números. Y se encuentra un partido, CiU, que ha ganado con muchísima claridad en el conjunto de Cataluña, en cada una de sus cuatro provincias y en 40 de sus 41 comarcas. Un partido que suma más votos y escaños que el segundo y el tercero juntos. Un partido que suma en solitario más escaños que todos los partidos “proespañoles” (PSC, PP y C’s) juntos. Un partido que se ha asegurado otra legislatura de gobierno y que, con los números en la mano, no tiene a nadie que le vaya a disputar la hegemonía política catalana a medio plazo. La conclusión obvia es que este partido ha obtenido un claro triunfo.

Pues no. Según los medios de comunicación, ha sido un enorme fracaso a pesar de los números. ¿En serio? Sí, es cierto que la victoria de CiU ha sido menor de lo esperado, que se han dejado un buen puñado de votos en el camino y que, en definitiva, a Mas el tiro le ha salido por la culata. Pues bueno. Esperaban ganar por cinco a cero y al final “solo” ha sido tres a cero. Sigue siendo una clara victoria, y un magro consuelo para los perdedores.

Entonces, con los datos en la mano, ¿hay perdedores? Pues sí. A pesar de la manía que tienen todos de declararse ganadores, sí que hay perdedores. Os voy a dar unas pistas sobre quiénes son, o mejor dicho, no son.

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Publicado el 27 sep, 2012


Réquiem por un parlamento español

RIP Parlamento

Nota: este post debería haber sido publicado hace un par de semanas, pero por problemas técnicos el blog ha estado caído hasta hoy.

A los que clamáis contra el sueldo de los políticos (cobrar por dirigir un país ¡habrase visto!), pensáis que la solución a la crisis es eliminarlos y difundís con ansia el bulo de los 400.000: enhorabuena. El Partido Popular ha escuchado vuestras súplicas. Su secretaria general, y a la sazón presidenta de Castilla-la Mancha, ha conseguido su propósito de eliminar el sueldo de los parlamentarios a partir del próximo año, así como reducir su número a la mitad en las próximas elecciones.

Para regocijo de la antipolítica, los castellanomanchegos gastarán unos cientos de miles de euros menos en remunerar a sus representantes democráticos, dinero que quedará disponible “pa’l pueblo”. O, a juzgar por los antecedentes de Cospedal, puede que sea para altos cargos no electos, quién sabe.

Para todos aquellos que no se han dado cuenta de que la economía es tan intrínseca al mundo como la ley de la gravedad, me toca hacer de aguafiestas ahora. Toda decisión tiene un coste. A cambio de unas migajas presupuestarias Castilla-la Mancha acaba de sacrificar su Parlamento. La decisión obliga a los parlamentarios regionales a serlo sólo a tiempo parcial, o bien acumulando otros cargos públicos (y siendo por tanto incapaces de dedicarse plenamente a ninguno de ellos) o bien dedicándose a la empresa privada (y teniendo en cuenta que será ésta quien les pague el sueldo, el conflicto de intereses es más que evidente). Considerando que además el número de diputados disminuye a la mitad, el Parlamento verá su capacidad operativa actual reducida a la mínima expresión.

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Publicado el 3 ene, 2012


Sistemas electorales proporcionales: ajustando la proporcionalidad

Hemiciclo

Todos los sistemas electorales repasados hasta ahora tienen una importante característica en común: no son proporcionales. Aunque haya diferentes mecanismos para dotarles de cierta proporcionalidad, no está en la raíz de su filosofía el ser proporcionales, sino el elegir determinados representantes. Como ya se discutió al analizar los sistemas mayoritarios, cuando se trata de elegir a un determinado candidato, o bien obtiene representación o no la obtiene, no tiene sentido hablar de proporcionalidad.

Sin embargo, en todas las democracias parlamentarias modernas los candidatos se agrupan en partidos, coaliciones, alianzas… listas de candidatos afines, en resumen. Los votantes también tienden a agrupar sus votos en estas listas según sus preferencias ideológicas. Desde ese punto de vista, es “justo” que la composición del parlamento, en cuanto a afinidades ideológicas, refleje de forma proporcional las afinidades ideológicas de la población, expresadas con su voto (recordemos que el adjetivo “justo” es relativo, teniendo en cuenta el equilibrio de preferencias asociado al Teorema de Arrow).

Es así como surgen los sistemas proporcionales, en los que no se elige directamente a candidatos sino que se reparten los escaños proporcionalmente entre las listas que concurren, y luego cada lista asigna los escaños que le corresponden (de diferentes maneras) entre sus candidatos. La realidad es que hay muy pocas democracias parlamentarias con sistemas puramente proporcionales (donde todos los votos del país se dividan proporcionalmente en escaños), ya que un sistema electoral debe tener otras características además de proporcionalidad (que aquí hemos englobado subjetivamente en los amplios conceptos de “estabilidad” y “representatividad”).

¿Cómo consiguen los sistemas proporcionales tener en cuenta estos factores? hay diversas formas

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Publicado el 23 dic, 2011


Sistemas electorales de preferencias ordenadas

Una de las principales críticas a los sistemas mayoritarios (uninominales y plurinominales) es su falta de proporcionalidad. Si los candidatos se agrupan en listas, la lista más votada tiende a monopolizar la representación. Se trata, además, de sistemas donde la representación de minorías es bastante complicada. En definitiva, como su nombre indica, los sistemas mayoritarios están diseñados para que gobierne la mayoría sin tener en cuenta más consideraciones.

Una forma de paliar estos defectos, manteniendo un sistema de “voto a personas” y listas abiertas es el voto preferencial: los electores pueden votar a varios candidatos pero no todos los votos valen lo mismo, sino que se ordenan de mayor a menor. Por ejemplo, si en un determinado distrito se eligen cuatro escaños, cada votante marcará con “1″ su candidato favorito, “2″ al siguiente más favorito, “3″ al siguiente y “4″ al último dentro de sus favoritos. Existen diferentes sistemas para contabilizar las preferencias.

Los sistemas de preferencias ordenadas generan resultados relativamente proporcionales (sobre todo en comparación con los mayoritarios): los últimos candidatos de las listas mayoritarias se suelen llevar muchos votos pero con muy poca preferencia, de modo que son superados por candidatos de fuerzas minoritarias con pocos votos pero alto orden de preferencia. También se reduce el “voto inútil”, los votantes saben que si el candidato de su primera preferencia no resulta elegido, al menos sus siguientes preferencias pueden contribuir a otros candidatos.

La principal crítica a este sistema es la complejidad del recuento (se deben hacer tantos recuentos independientes como órdenes de preferencia). En la práctica, con sistemas preferenciales es casi imposible tener distritos de más de 7 u 8 representantes (si no, el recuento sería demencial). Trasladando esto a España, supondría que los partidos minoritarios de ámbito nacional como IU o UPyD lo tendrían aún más difícil para obtener representación. Otra crítica es la posibilidad de votos cruzados para que varias minorías anulen a una mayoría. Pero salvo coaliciones electorales explícitas, este efecto negativo solo tiene impacto real en elecciones pequeñas donde se puede controlar una parte muy significativa del electorado (por ejemplo, una facultad universitaria).

La complejidad de estos sistemas es tal que hay ilimitadas permutaciones de posibles sistemas electorales teniendo en cuenta como se ponderan, distribuyen y transfieren las preferencias. Veamos algunos de los fundamentales.

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Publicado el 18 dic, 2011


Sistemas electorales mayoritarios de listas abiertas

En el sentido amplio, los sistemas de listas abiertas son aquellos en los que el votante puede escoger (con diferentes grados de libertad) entre los candidatos que se presentan, votando por tanto a personas y no a partidos; teniendo la posibilidad adicional de votar a candidatos de distintos partidos.

El sistema más simple de listas abiertas es el sistema mayoritario plurinominal, que es similar al sistema mayoritario uninominal del post anterior, con la diferencia de que en lugar de elegir un solo candidato por distrito, se eligen varios. Esto tiene una ventaja fundamental: permitir que en cada distrito pueda haber representación de varios partidos políticos, logrando aumentar la proporcionalidad del sistema uninominal (y favoreciendo las opciones de partidos minoritarios).

Por norma general, en estos sistemas electorales de listas abiertas los candidatos se agrupan en listas, pero el voto se realiza a personas, independientemente de la lista a la que pertenezcan. Teniendo en cuenta que la mayoría de los votantes se decantarán por los candidatos de un solo partido, lo normal es que se establezcan límites sobre el número máximo de candidatos que cada lista puede presentar – o que los electores pueden escoger (si no, en muchos distritos se daría el caso de que el partido más votado se llevaría todos los representantes, con lo cual no habría ninguna mejora de proporcionalidad respecto al sistema mayoritario uninominal).

España tiene una larga tradición de sistemas mayoritarios plurinominales. Es el sistema usado actualmente en el Senado, también lo fue en la II República. Al igual que en el caso uninominal, tenemos el caso de única vuelta y doble vuelta ¿Cómo funciona, pues?

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