Publicado el 9 nov, 2013


El Muro

Muro de Berlín

Tal d√≠a como hoy, hace 24 a√Īos, las ametralladoras de la polic√≠a fronteriza de la Rep√ļblica Democr√°tica Alemana dejaron de disparar a quienes intentaban cruzar hacia Berl√≠n Occidental (que, en contra de la asumida creencia, nunca form√≥ parte de la Rep√ļblica Federal Alemana). Una simple ‘relajaci√≥n’ de la pol√≠tica fronteriza de la RDA que tuvo el mismo efecto que intentar descorchar ‘gradualmente’ una botella agitada de champ√°n. Decenas, cientos, miles y al final todo Berl√≠n sali√≥ a la calle para cruzar el muro ante la pasividad de los guardias y, de paso, darse el gustazo de reventarlo a martillazo limpio.

Tras Berl√≠n, las fichas del domin√≥ siguieron cayendo hasta el d√≠a de Navidad de 1991, fecha en la que la Uni√≥n Sovi√©tica decidi√≥ disolverse y con ella el √ļltimo gobierno comunista de Europa. El final de medio siglo de plomo en el que los hombres y mujeres de media Europa fueron privados de expresarse, moverse o ganarse la vida como les saliese de la polla las narices. Y la tapia berlinesa a la vanguardia, llena de hombres armados dispuestos a matar a quien osara escapar de semejante para√≠so.

Confieso que hay por ah√≠ un par de fotos m√≠as (a√Īejas) con camisetas del Che Guevara o la Uni√≥n Sovi√©tica. Con el bagaje intelectual que pueda tener un mico de 15 a√Īos, es f√°cil simpatizar con cosas como el comunismo o las Spice Girls. El objetivo de ‘emancipar al oprimido’ tiene gancho. Recuerdo el primer libro que me hizo cuestionar tan atractiva ideolog√≠a. Algo ligerito sobre una familia survietnamita que comete el horrible crimen contra el pueblo de poseer una peque√Īa tienda y decide lanzarse al oc√©ano en una precaria balsa ante la perspectiva de ser ‘reeducada’ por los militares norvietnamitas (el √©xodo de los ‘vietnamitas de las barcas‘ es, por cierto, uno de esos episodios injustamente ignorados de la Historia).

Y este es precisamente el leitmotiv en todos los reg√≠menes comunistas: la gente tiene unas ganas tan terribles de escapar de ellos que los estados tienen que recurrir a la fuerza para detenerlos. Porque ese bien supremo que es la felicidad del ‘pueblo’ s√≥lo puede conseguirse suprimiendo las libertades de todos y cada uno de los individuos que lo componen. Y como el ‘pueblo’ est√° por encima de los individuos, no hay empacho en masacrar a millones de personas al m√°s puro estilo nazi. Como fue el caso del que probablemente sea el segundo genocidio m√°s brutal de la historia tras la Shoah: el de millones de ucranianos a manos de Stalin. El Holodomor. La ‘muerte por hambre’.

El triunfo del ‘pueblo’ requiere, entre otras cosas, suprimir a todos los individuos con criterio (la ‘intelligentsia’) capaces de influir a esa masa borreguil que es capaz de vender sus derechos individuales a cambio de un plato de lentejas. As√≠ pas√≥ en media Europa tras la II Guerra Mundial. A pesar de tener el terreno abonado (las democracias liberales hicieron un miserable rid√≠culo a la hora de defender a Checoslovaquia y Polonia ante Hitler) los sovi√©ticos tuvieron que masacrar a la flor y nata de la sociedad civil polaca en Katyn para imponer su distopia comunista, e hicieron lo propio en cada uno de los pa√≠ses ocupados – o directamente anexionados – por el Ej√©rcito Rojo. Fue el caso, por ejemplo, de las tres oleadas de deportaciones sufridas por los estonios. Bien parados si se tiene en cuenta la exterminaci√≥n sufrida por los cosacos, los chechenos o los t√°rtaros de Crimea.

Se dice a menudo que el estalinismo no debe ser confundido con el comunismo. Es cierto que la mayor√≠a de reg√≠menes comunistas jam√°s alcanzaron el escalofriante nivel genocida de la picadora de carne manejada por Lavrenti Beria y su camarilla de psic√≥patas. Flaco consuelo para los millones de personas (¬°millones!) que murieron masacrados por los jemeres rojos de Camboya. O los que hoy en d√≠a mueren en los siniestros campos de concentraci√≥n de Corea del Norte. Y no nos olvidemos de los berlineses que murieron con un tiro en la nuca por querer escapar del para√≠so: el Muro no fue un invento de Stalin. Fue levantado en 1961, con el Padrecito bien enterrado y en pleno ‘deshielo de Jruschov‘.

Hoy en plena crisis est√° volviendo a Europa un fantasma que cre√≠amos enterrado desde los a√Īos 40: el del fascismo que campa a sus anchas por Grecia y Hungr√≠a y comienza a amenazar otros pa√≠ses del continente. Por la memoria de nuestros vecinos rusos, alemanes, estonios, letones, lituanos, polacos, bielorrusos, checos, eslovacos, ucranianos, h√ļngaros, rumanos, b√ļlgaros, moldavos o albaneses, no dejemos que vuelva ese otro fantasma que ti√Ī√≥ Europa de sangre: el del comunismo.

Este texto está dedicado a mis amigos (en plural) cuyos padres o abuelos estuvieron en Siberia contra su voluntad por obra y gracia de la Unión Soviética.

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Publicado el 12 oct, 2012


De qué va esto de la Unión Europea

Londres bombardeada
Londres bombardeada – fuente

Se acaba de dar a conocer que el Premio Nobel de la Paz de este a√Īo corresponder√° a la Uni√≥n Europea. Ciertamente, premiar a la Uni√≥n Europea es tan banal como premiar a la ONU (2001) o los Cascos Azules (1988). Garantizar la paz es precisamente la raz√≥n de ser de estas instituciones; quienes realmente tienen m√©rito son los que se meten en el fregado de luchar por la paz sin ser ese su trabajo, arriesg√°ndose a ser encarcelados o morir. Mandela o Aung San Suu Kyi, por ejemplo.

Pero dejando eso al margen, no est√° de m√°s que nos recuerden de vez en cuando de qu√© va todo esto de la Uni√≥n Europea: la Paz. Preguntaba Martin Varsavsky en twitter si acaso “no habr√≠a paz sin la Uni√≥n Europea”… Espero que sea una pregunta ret√≥rica. En los 60 a√Īos posteriores a la fundaci√≥n (en 1952) de la Comunidad Europea del Carb√≥n y del Acero (precursora de la actual Uni√≥n) no ha habido ni el m√°s m√≠nimo amago de enfrentamiento armado entre pa√≠ses miembros. Mirando atr√°s, jam√°s en la Historia ha existido nada remotamente parecido a un acuerdo europeo capaz de garantizar 60 a√Īos de paz (quiz√° el Imperio Romano, si podemos considerar eso como “paz”).

Las cuatro grandes potencias de Europa occidental, que se han matado entre ellas en dos guerras mundiales en la primera mitad del siglo XX, son hoy aliadas gracias a la existencia de una Uni√≥n Europea. Puede parecer “lo normal”, estamos acostumbrados a ello. Pero en realidad es una anomal√≠a hist√≥rica en la que tenemos la suerte de vivir. La Europa sin fronteras, en la que relacionarse con gente de los pa√≠ses vecinos es m√°s f√°cil que nunca, y en la que todos los pa√≠ses tienen intereses cruzados entre ellos, es el factor clave para que hayamos sido capaces de vivir en paz durante m√°s de medio siglo. Y todos los que vivimos en la Uni√≥n Europea nos hemos beneficiado de ello: ahorrarnos el coste de una guerra (en vidas y en dinero) durante seis d√©cadas es la principal raz√≥n por la que es posible eso que llamamos “Estado del Bienestar”.

Tras 60 a√Īos, son varias generaciones europeas las que han crecido en paz y se han olvidado de la raz√≥n de ser de la Uni√≥n Europea. Desde esa perspectiva miope, es f√°cil criticar las instituciones cuando las cosas no funcionan. No ser√≠a la primera vez: la √ļltima gran crisis europea acab√≥ con la Sociedad de Naciones y cualquier intento de entendimiento entre europeos. Las consecuencias son conocidas por todos. Viendo c√≥mo los estados europeos intentan salir de la crisis arrimando el ascua a su sardina, me pregunto si ya se nos ha olvidado la lecci√≥n.

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