Publicado el 18 may, 2011


Ni es una revolución, ni falta que hace

Leyendo algunos de mis últimos tweets, alguno podría pensar que soy un quintacolumnista, un coverso o un infiltrado neocon. Nada más lejos de la realidad. Lo que me pasa es que me jode que se reivindiquen estupideces en nombre de una causa justa. Sin embargo, llega un momento en el que hay que defender el derecho mismo a reivindicar cosas. Sean estúpidas o no, que al fin y al cabo, eso es subjetivo.

Por otro lado, que en general no comparta muchas de sus ideas no quiere decir que no me parezca valiente y digno de reconocimiento el hecho de que cientos de jóvenes españoles estén acampando en las calles protestando por el simple hecho de que están hasta los huevos. Se ha conseguido romper un tópico que llevaba demasiados años rondando: que los jóvenes españoles nunca se rebelan por nada. Pues mira, al final resulta que sí. Dan igual las razones, al fin y al cabo. Lo importante es que haya gente dispuesta a romper el (estúpido) tópico.

El hecho de que haya habido intentos de reprimir estas legítimas manifestaciones me ha hecho replantear mi posición. Independientemente de que se reivindiquen algunas tonterías, la motivación de esta iniciativa es noble y razonable. E independientemente de eso, el derecho a protestar es algo que se debe defender. Así que en cuanto he empezado a escuchar noticias de prohibiciones y represión, me he dado cuenta de que estaba equivocado. Hay que protestar por el simple hecho de poder protestar. Luego que cada cual pida lo que le dé la gana, pero en las actuales condiciones de la juventud española (que a mí me han obligado a emigrar, sin ir más lejos), protestar está más justificado que nunca.

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Viajar en el tiempo

Publicado el 13 mar, 2011


Flexibilidad, movilidad

Flexibility

Normalmente, cuando se habla de paro, siempre salen a relucir dos palabras como solución mágica al problema: flexibilidad y movilidad. ¿Pero qué significa tener flexibilidad y movilidad en el mercado laboral? desde luego los políticos españoles no tienen ni idea, pero cualquiera que haya trabajado en Holanda puede explicarlo de forma relativamente sencilla.

Por ejemplo, el tema de la flexibilidad. Yo mismo soy un ingeniero trabajando en banca. “¿Pero cómo trabajas en banca después de seis años estudiando ingeniería?” Pues hombre… ¿por qué no? si es un trabajo interesante y bien remunerado (como es el caso), lo suyo es ir a por ello. La carrera debe ser un trampolín para hacer lo que nos gusta. En el momento en que se convierta en un lastre, mejor olvidarse de ella. La filosofía en España, sin embargo, es que “si has estudiado ingeniería pues tendrás que trabajar de lo tuyo a toda costa, si no, vaya desperdicio”. Resultado, cientos de mentes brillantes haciendo trabajos que no les gustan mientras son explotados en consultorías tecnológicas, con sueldos y condiciones laborales propias de un becario.

Aquí en Holanda he conocido (entre otros) a un profesor de holandés, una fotógrafa profesional, un coach y un manager de recursos humanos que eran todos ingenieros de formación. Todos hacían algo que les apasionaba y que les permitía vivir a gusto. Mientras tanto, en España, la flexibilidad laboral sigue agarrotada con un estúpido y paleto corporativismo profesional, que no escapa a los ingenieros. Que si las competencias profesionales por allí, que si los títulos por allá… ¿pero qué más da? ¿hace falta ser ingeniero informático para programar aplicaciones web o administrar la red de una empresa? pues no, igual que no hace falta haber estudiado Bellas Artes para ser un gran fotógrafo, ni Economía para trabajar en un banco.

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Viajar en el tiempo

Publicado el 22 ene, 2011


A los holandeses no les gusta trabajar

holandesita dormida

Una de las típicas excusas españolas para explicar por qué muchas cosas son un desastre en comparación con el norte de Europa es la de “es que aquí no nos gusta trabajar”. Como si a los finlandeses les gustase mucho. En realidad, viendo los horarios laborales españoles, cualquiera diría que en España a la gente le gusta muchísimo trabajar. Si no, no se explica cómo es posible que mucha gente se quede en su trabajo hasta las ocho de la tarde o más.

Holanda es uno de esos países que caen dentro del tópico de europeo cuadriculado al que le gusta trabajar. Pues no, a los holandeses (¡sorpresa!) no les gusta un carajo trabajar. Mientras que en España lo típico es no mover el culo de la silla hasta que se levante el jefe, en Holanda lo normal es salir pitando a las cinco de la tarde (o cualquiera que sea el horario de salida) dejado tirado a quien haga falta. Una actitud sorprendente incluso para sus vecinos belgas y alemanes.

Lo que pasa es que los holandeses saben cómo hacer que su alergia al trabajo se convierta en algo positivo: cuando están trabajando, se suelen esforzar en hacerlo de la manera más rápida, directa y eficiente posible para acabarlo cuanto antes y que nadie les pida explicaciones más allá de su hora. Por ejemplo, es normal saltarse la pausa del almuerzo y comer directamente un bocata en frente de la pantalla del ordenador. Será por eso que en muchas empresas (la mía, sin ir más lejos) existe una política de “cafeína gratis” para mantener al personal bien activo en todo momento.

Lo de trabajar poco está socialmente aceptado y en muchos casos son las propias empresas las que lo promueven (o al menos, lo facilitan). Sin ir más lejos, las tiendas (salvo supermercados) normalmente cierran a las seis de la tarde (a las cuatro los sábados) y no abren los lunes por la mañana (para compensar lo del sábado). Hacer cuatro días de jornada algo más intensiva y descansar uno (incluso entre semana) es perfectamente normal. La hora de salida estándar son las cinco y las vacaciones disponibles suelen ser bastantes (aunque haya menos festivos fijos y puentes que en España, por ejemplo). ¡Y a ningún jefe se le ocurriría pedirte que vayas a trabajar un sábado!

Es curioso como en España solemos presumir de que “como aquí no se vive en ningún sitio“, una frase pronunciada siempre por gente que, a parte de España, nunca ha vivido en ningún sitio. Mientras tanto, en Holanda, el derecho del trabajador a tener tiempo para vivir su propia vida es sagrado. Ni hay horarios abusivos ni trabajadores pelotas que se quedan más tiempo de la cuenta sólo por quedar bien con el jefe. Precisamente el jefe será el primero que te invitará a irte a tu casa si ya has acabado tu trabajo del día y es “demás de hora”, ¡los jefes son los primeros a los que no les gusta trabajar!

Foto de Martijn Janssen tomada en un típico Intercity holandés

Viajar en el tiempo

Publicado el 4 dic, 2010


Aterriza como puedas

Aterriza como puedas

Al hilo de la pasada huelga general, ya comenté aquí que me parece obsceno convocar una huelga cuando el 20% de los trabajadores están en paro y cientos de miles de españoles se pegarían por un puesto de trabajo. Y no digo nada si encima se trata de un colectivo profesional ridículamente protegido y sobrerremunerado como el de los controladores aéreos, que además causa un espectacular perjuicio económico al país con su acción (por no hablar de los daños morales a los miles de viajeros que habían ahorrado para poder viajar en este puente y reunirse con sus familiares, disfrutar unas merecidas vacaciones, etc.)

A pesar de todo ello, creo en el derecho a la huelga de los controladores. El problema es que lo que se ha vivido en España estos días no es una huelga, es, sencillamente, un colectivo que deja de cumplir en masa con sus obligaciones laborales (y subrayo lo de “obligaciones” porque todo trabajo las acarrea, y no se pueden dejar de cumplir alegremente). Lo que hicieron los controladores levantándose de sus puestos de trabajo es equivalente a que todos los médicos del país dejasen de trabajar en un momento dado, saliendo de los quirófanos a mitad de operación y abandonando sus guardias. No sólo no es ético, sino que además los perjuicios derivados de esa acción pueden (deben) tener consecuencias penales.

Dicen algunos que la respuesta del gobierno ha sido exagerada. Que militarizar los aeropuertos y proclamar el estado de alarma es demasiado. Sí, es demasiado, pero… si es la única manera de garantizar la normalidad, habrá que hacerlo. Lo que deberíamos preguntarnos es qué hemos hecho mal para que un grupete de privilegiados sea capaz de paralizar un país y haya que llamar al Ejército para garantizar los derechos del resto de la población.

Y lo que hemos hecho mal (durante muchos años) es muy sencillo: en España somos especialistas en sobreproteger y pagar mucho dinero (del bolsillo de todos) a gente que aporta comparativamente muy poco a la sociedad. Controladores aéreos y notarios son un gran ejemplo. En otros casos esta situación se provoca indirectamente con regulaciones estúpidas como las licencias farmacéuticas, que convierten artificial y arbitrariamente a sus poseedores en millonarios (¿por qué diablos no permitimos que pueda abrir una farmacia cualquier farmacéutico titulado y colegiado?).

En países más “civilizados”, a nadie se le ocurriría pensar que un notario pudiera ganar más que un médico, cosa muy razonable ya que la labor social de los médicos es infinitamente más importante para la sociedad que la de los notarios. En EE UU, cuando alguien con talento quiere ser rico, estudia Medicina. En España, prepara unas oposiciones de controlador aéreo, notario, registrador de la propiedad o similar. No cuesta mucho adivinar cuál es el retorno social de ese talento en un país y en otro.

En el caso de los controladores, además, el monstruo se ha ido alimentando sucesivamente por todos los gobiernos para evitar la mala prensa que da el caos en los aeropuertos. Sin embargo, de tanto tensar la cuerda, de tanto chantajear al resto de la sociedad con sus amenazas de paralizar el país, el gobierno por fin ha dado un puñetazo sobre la mesa. Y es una buena noticia que, por una vez, el gobierno haya tenido huevos arrestos para cumplir su deber: hacer que el país funcione. Si eso significa movilizar a medio Ejército para controlar el espacio aéreo, pues que se haga, y que a partir de ese mismo momento se tomen las medidas necesarias para que nunca más haya que hacerlo.

Y eso implica que los controladores aéreos respondan penalmente de una vez por todas por el perjuicio causado. Exactamente igual que lo haría un médico que abandona el quirófano a mitad de operación. Ni más, ni menos.

Posts relacionados: La huelga de nuestros antepasados, El fin de la cultura de la oposición

Viajar en el tiempo

Publicado el 16 oct, 2010


El gran salto

ING

Casi tres semanas sin escribir por aquí… imperdonable. La culpa es de una semana en Londres, otra en Túnez y no demasiadas cosas interesantes que contar. Y después de todo, ahora toca hacer las maletas para otro viaje que solo tiene billete de ida: a Ámsterdam. El lunes por la mañana ya habré aterrizado en la ciudad que será mi hogar durante al menos los próximos tres años.

Afortunadamente, mi nueva empresa (ING Group) se está encargando de prácticamente todo: alojamiento temporal, búsqueda de piso con un agente inmobiliario, burocracia en las instituciones holandesas e incluso un curso intensivo de neerlandés en un pueblo remoto de Brabante. Así que espero que todo esté en marcha pronto. Pero mientras tanto, probablemente no tenga mucho tiempo para dejarme caer por aquí.

¡Nos vemos desde Holanda!

PS: ¿Qué hace un ingeniero de teleco trabajando en un banco? a partir del uno de noviembre empezaré a descubrirlo.

Viajar en el tiempo