
Al parecer, hoy hay huelga general. Pero, un momento, ¿huelga de quién? porque entre mis amigos, conocidos, y en definitiva, gente con la que me muevo dentro de mi rango de edad (entre 20 y 30), los que tienen la suerte de trabajar no van a hacer huelga. No sólo eso, sino que se muestran bastante en contra de la actuación de los piquetes “informativos”. Los llamados “sindicatos de clase” han conseguido poner de acuerdo a toda mi generación en algo: la convicción de que esta gente no nos representa en absoluto.
Porque más que “sindicatos de clase”, habría que llamarlos “sindicatos de generación”. ¿Quién está secundando la huelga de forma significativa? trabajadores de la industria del automóvil, sector naval, minería, transporte, limpieza… ¿son esas las fuerzas productivas que mueven hoy en día -y en el futuro- nuestra economía? ¿dónde están los consultores, informáticos, arquitectos, ingenieros, médicos, físicos, químicos, matemáticos, abogados, administrativos, economistas? La huelga tiene un seguimiento mayoritario entre aquellos sectores que fueron el motor de la economía en el pasado, pero no lo son en el presente, ni mucho menos lo serán en el futuro.
Con esta huelga, los sindicatos defienden con uñas y dientes mantener un sistema laboral arcaico, asociado al modelo económico del pasado, y que directamente nos excluye a los jóvenes. En España tenemos la tasa de paro juvenil más alta de los países desarrollados (con mucha diferencia), además de una altísima tasa de temporalidad para los que tienen la suerte de trabajar. Pues esto habrá que reformarlo, ¿no?
Ningún país protege tanto como España al trabajador indefinido (altísimas indemnizaciones, necesidad de resoluciones judiciales, etc.) a la vez que da tanto por saco al trabajador temporal, con unas condiciones tan precarias.1 Sumemos a esto que las indemnizaciones por despido son proporcionales a los años trabajando, y tenemos a empresas a las que les sale más rentable despedir a cinco “jóvenes” que a un “viejo”, y que no tienen absolutamente ningún incentivo para crear nuevos contratos indefinidos (ya que saben que a la larga podrían ser una rémora económica para la empresa). Es decir, que para mantener los privilegios de la “generación tapón” de nuestros padres, es necesario que nosotros los jóvenes o bien no tengamos empleo (4 de cada 10), o que, si lo tenemos, sea precario. Un joven que desee trabajar en España en condiciones no precarias, debe luchar para que se lleven adelante reformas que flexibilicen el actual sistema. O eso, o emigrar. Casualmente, los países más desarrollados de Europa, a donde los jóvenes españoles cualificados emigran (Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Suecia, etc.) tienen mercados de trabajo flexibles y bajas tasas de paro. Casualmente.
Pero a los sindicatos en realidad no les interesa el cambio. A la vez que dicen de boquilla que “hay que cambiar el modelo productivo”, defienden que se subvencione la minería. ¿Cómo vamos a cambiar el modelo productivo y a la vez defender que se mantenga con el dinero público las reliquias de un sistema caducado? los sindicatos han perdido la conexión con el presente. Se han quedado anclados en los clichés del pasado, mientras la sociedad y la economía evolucionaban, y no les interesa que las cosas cambien. Se les acabaría su “modelo de negocio”. Pero que no se le olvide a nadie que la actual generación perdida, la de los jóvenes parados, precarios o emigrados, es la que va a pagar las pensiones de la generación tapón cuyos empleos fijos hay que mantener a toda costa. Si podemos, claro. El último, que apague la luz.
1 El tema de la disparidad entre el mercado laboral de los “indefinidos” y los “temporales”, lo explica de maravilla el blog Materias Grises.


