Salónica: la Universidad que se construyó sobre un cementerio judío

Cementerio judío de Salónica

Diciembre de 1942, Salónica. 500 trabajadores municipales se afanan en la destrucción de uno de los cementerios judíos más antiguos y grandes de Europa (35 veces más grande que el famoso cementerio judío de Praga). Las tumbas, muchas de ellas de casi cinco siglos de antigüedad, son arrancadas de cuajo, los bloques de mármol apilados sin orden ni concierto. Los familiares de todos los allí enterrados corren al cementerio. Lloran, suplican, si tienen suerte recogen los huesos profanados.

Un superviviente escribiría lo siguiente:

La visión era estremecedora. La gente corría entre las tumbas suplicando a los destructores que salvasen las de sus parientes. Entre lágrimas, recogían los restos. 1

Hablaban español. O mejor dicho, judezmo, la lengua de los judíos expulsados de la península Ibérica en 1492, que no era más que un castellano arcaico trufado de palabras hebreas, turcas y griegas. Los judíos españoles (quizá sería más correcto llamarlos “españoles judíos”, después de todo) fueron acogidos con los brazos abiertos por los sultanes otomanos, en tiempos en los que el cristianismo era la religión integrista que quemaba infieles y el Islam la que acogía y miraba hacia el futuro. De España se trajeron las costumbres, y sobre todo, el idioma. Fueron la comunidad mayoritaria de Salónica hasta que la ciudad fue conquistada por las tropas griegas en 1914, y siguieron siendo decenas de miles hasta la II Guerra Mundial.

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Publicado el 6 sep, 2010


Grecia, una complicada historia de amor

Volví a España el pasado martes, y desde entonces he estado aclimatándome (léase durmiendo, vagueando, saliendo con los amigos, etc.) razón por la cual no me he dejado caer por aquí últimamente. Estoy aún haciéndome a la idea de que mi segunda aventura griega se ha terminado, y que no habrá una tercera al menos a medio plazo (volveré de viaje, seguro, pero no es lo mismo).

Es difícil hacer una retrospectiva e intentar describir lo que significa Grecia para mí, se trata de una complicada historia de amor, como si fuera una novia a la que quieres con locura pero que te saca de tus casillas cada dos por tres. Como esas historias de las que hablan las canciones griegas. Mi historia con Grecia empezó hace cinco años en Madrid. En una fiesta, rodeado de guiris y un tanto ebrio, un madrileño que manejaba un kombolói me dijo una frase que a la postre se convirtió en realidad: “vete a Grecia, porque cuando vayas te enamorarás y querrás volver”. Picado por la curiosidad, meses después solicité un curso de dos semanas en Salónica, y en marzo de 2006 pisé Grecia por primera vez.

Ya hablé en mi viejo blog de los inolvidables momentos vividos allí. Muy apropiadamente, lo titulé “Días de frappé, noches de ouzo“. Me prometí a mí mismo que volvería, y lo hice ese mismo verano, visitando Atenas y perdiéndome cuatro días en un pueblecito de Creta. Y hubo otras muchas visitas, hasta que llegué a sentirme en Atenas casi como en casa (por circunstancias de la vida, acabé haciendo más lazos con la capital que con Salónica). Pero me faltaba algo. Yo lo que quería era vivir en Grecia.

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Publicado el 21 ago, 2010


Atenas / Salónica: un país, dos ciudades

Atenas / Salónica

Cuando la gente se entera de que he vivido tanto en Atenas como en Salónica [o Tesalónica, nunca sé cual de los dos nombres usar, así que los uso indistintamente] la pregunta que recibo es siempre la misma: “¿y cuál de las dos te gusta más?”. Y no es una pregunta fácil de contestar, porque son dos ciudades asociadas a muchos buenos recuerdos y en las que me muevo como pez en el agua, conviviendo con el caos diario.

Pero si tuviera que quedarme con una, supongo que diría Atenas. Quizá porque la asocio a la vidorra Erasmus, y no al trabajo como Salónica. También influye el hecho de ser una ciudad mucho más grande, más cosmopolita, con más cosas que hacer y más lugares interesantes que visitar. Y por supuesto, están los gyros, que en Atenas son una maravilla comparados con Salónica.

Hay otras cosas en las que sin embargo gana Salónica. Empezando por el mar. Desde el balcón de mi apartamento tengo vistas del mar (y con el Monte Olimpo de fondo), algo impensable en Atenas. Mientras que la plaza de Syntagma (el centro de Atenas) está a unos 15 kilómetros de la costa, la plaza Aristóteles (el centro de Salónica) está abierta al paseo marítimo. Pasear desde allí hasta la Torre Blanca es uno de los pequeños grandes placeres que ofrece esta ciudad. Y existe además un buen puñado de playas accesibles por autobús urbano.

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Publicado el 9 ago, 2010


¡Que vuelvan a Atenas los mármoles del Partenón!

Mármoles del Partenón

El Partenón, dominando la Acrópolis de Atenas, es el icono de Grecia. Existen otras imágenes, como los templos de Meteora, las casitas blancas de la caldera de Thira en Santorini o la Cala del Naufragio de Zakynthos que son fácilmente identificables y se encuentran por doquier en cuadros y souvenirs. Pero el Partenón es la imagen de Grecia. Una imagen que, por desgracia, ahora mismo está incompleta.

Construido hace 2 500 años, sobrevivió 2 200 relativamente intacto, testigo de la pasada grandeza de Atenas y la antigüedad helénica. Pero en el año 1687 los venecianos asediaron la ciudad y al ejército turco (que ocupaba Grecia en aquel entonces) no se le ocurrió otra cosa que utilizar el Partenón como polvorín, pensando que los venecianos no se atreverían a bombardearlo. Vaya si se atrevieron. Esa única acción causó más destrozo que dos milenios de envejecimiento y deterioro, y significó el principìo de una rápida degradación que alcanzó su cumbre a principios del siglo XIX. Fue entonces cuando el británico lord Elgin, de nuevo con autorización turca, expolió las fabulosas esculturas del friso para venderlas al Museo Británico, en un flagrante robo encubierto de “operación protectora”.

Desde que Grecia se convirtió en estado independiente, miembro de la familia europea, el retorno de los frisos del Partenón ha sido una reivindicación constante, especialmente mientras Melina Merkouri fue ministra de Cultura. Los británicos siempre han argumentado que los mármoles están “protegidos” en Londres, pero una vez que Grecia ha construido un espectacular museo explícitamente para albergar estas esculturas, eso ya no es más que un tópico. En la delicada situación que está atravesando el país, el retorno de los mármoles sería hoy más que nunca una inyección de moral (y de turismo) capaz de devolver la esperanza y el optimismo en el futuro.

Ahora se está tratando de aprovechar el impulso de las redes sociales con una nueva iniciativa: Bring Them Back. Son capaces de acercarse al problema con humor, como en este vídeo parodia en el que un millonario griego roba el Big Ben para protegerlo de la contaminación. Después de 200 años, y habiendo construido uno de los mejores museos de Europa especialmente para ello, es hora de que las estatuas del Partenón se exhiban en el lugar al que pertenecen: Atenas.

Más información | Bring Them Back

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Publicado el 13 jun, 2010


Sangría griega, sangría española

Gracias al twitter de Living in Greece, leo un interesante artículo del Wall Street Journal hablando sobre la nueva ola de emigración que se está produciendo en Grecia a causa de la crisis. El goteo de jóvenes griegos que echan currículums en empresas extranjeras o simplemente cogen los bártulos y se largan, es cada vez más intenso y va camino de convertirse en una auténtica riada.

Emigrantes griegos embarcando en Patras para América

Los griegos, como los irlandeses o los gallegos, son un pueblo emigrante por naturaleza. Por ejemplo, el griego es el cuarto idioma más hablado en Australia y es frecuente encontrar en Grecia jubilados que hablan alemán: lo aprendieron durante su estancia como ‘gastarbeiters’ en Alemania.

Pero hay una diferencia fundamental con las oleadas de emigrantes de los años 50, 60 ó 70. Ahora no se trata de brazos para trabajar en las fábricas, sino de cerebros en busca de una mejor formación y, posteriormente, un trabajo bien pagado en el extranjero. Buena parte del talento necesario para poner a Grecia de nuevo en marcha se está fugando a otros países de la Unión Europea como Holanda, Suecia, Alemania o Inglaterra sin ningún tipo de límites ni trabas.

El sistema universitario griego es un barco sin capitán, con la tripulación amotinada y que hace aguas por los cuatro costados, y la formación de calidad hay que buscarla en el extranjero (es un tema que da para hablar largo y tendido… en otra ocasión). Los griegos invierten millones de sus impuestos en financiar la monstruosa universidad pública, para que luego sus licenciados tengan que marcharse al extranjero sin generar riqueza en el país.

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