Gracias al twitter de Living in Greece, leo un interesante artÃculo del Wall Street Journal hablando sobre la nueva ola de emigración que se está produciendo en Grecia a causa de la crisis. El goteo de jóvenes griegos que echan currÃculums en empresas extranjeras o simplemente cogen los bártulos y se largan, es cada vez más intenso y va camino de convertirse en una auténtica riada.
Los griegos, como los irlandeses o los gallegos, son un pueblo emigrante por naturaleza. Por ejemplo, el griego es el cuarto idioma más hablado en Australia y es frecuente encontrar en Grecia jubilados que hablan alemán: lo aprendieron durante su estancia como ‘gastarbeiters’ en Alemania.
Pero hay una diferencia fundamental con las oleadas de emigrantes de los años 50, 60 ó 70. Ahora no se trata de brazos para trabajar en las fábricas, sino de cerebros en busca de una mejor formación y, posteriormente, un trabajo bien pagado en el extranjero. Buena parte del talento necesario para poner a Grecia de nuevo en marcha se está fugando a otros paÃses de la Unión Europea como Holanda, Suecia, Alemania o Inglaterra sin ningún tipo de lÃmites ni trabas.
El sistema universitario griego es un barco sin capitán, con la tripulación amotinada y que hace aguas por los cuatro costados, y la formación de calidad hay que buscarla en el extranjero (es un tema que da para hablar largo y tendido… en otra ocasión). Los griegos invierten millones de sus impuestos en financiar la monstruosa universidad pública, para que luego sus licenciados tengan que marcharse al extranjero sin generar riqueza en el paÃs.