
Una de las principales crÃticas a los sistemas mayoritarios (uninominales y plurinominales) es su falta de proporcionalidad. Si los candidatos se agrupan en listas, la lista más votada tiende a monopolizar la representación. Se trata, además, de sistemas donde la representación de minorÃas es bastante complicada. En definitiva, como su nombre indica, los sistemas mayoritarios están diseñados para que gobierne la mayorÃa sin tener en cuenta más consideraciones.
Una forma de paliar estos defectos, manteniendo un sistema de “voto a personas” y listas abiertas es el voto preferencial: los electores pueden votar a varios candidatos pero no todos los votos valen lo mismo, sino que se ordenan de mayor a menor. Por ejemplo, si en un determinado distrito se eligen cuatro escaños, cada votante marcará con “1″ su candidato favorito, “2″ al siguiente más favorito, “3″ al siguiente y “4″ al último dentro de sus favoritos. Existen diferentes sistemas para contabilizar las preferencias.
Los sistemas de preferencias ordenadas generan resultados relativamente proporcionales (sobre todo en comparación con los mayoritarios): los últimos candidatos de las listas mayoritarias se suelen llevar muchos votos pero con muy poca preferencia, de modo que son superados por candidatos de fuerzas minoritarias con pocos votos pero alto orden de preferencia. También se reduce el “voto inútil”, los votantes saben que si el candidato de su primera preferencia no resulta elegido, al menos sus siguientes preferencias pueden contribuir a otros candidatos.
La principal crÃtica a este sistema es la complejidad del recuento (se deben hacer tantos recuentos independientes como órdenes de preferencia). En la práctica, con sistemas preferenciales es casi imposible tener distritos de más de 7 u 8 representantes (si no, el recuento serÃa demencial). Trasladando esto a España, supondrÃa que los partidos minoritarios de ámbito nacional como IU o UPyD lo tendrÃan aún más difÃcil para obtener representación. Otra crÃtica es la posibilidad de votos cruzados para que varias minorÃas anulen a una mayorÃa. Pero salvo coaliciones electorales explÃcitas, este efecto negativo solo tiene impacto real en elecciones pequeñas donde se puede controlar una parte muy significativa del electorado (por ejemplo, una facultad universitaria).
La complejidad de estos sistemas es tal que hay ilimitadas permutaciones de posibles sistemas electorales teniendo en cuenta como se ponderan, distribuyen y transfieren las preferencias. Veamos algunos de los fundamentales.


