Publicado el 18 may, 2011


Ni es una revolución, ni falta que hace

Leyendo algunos de mis últimos tweets, alguno podría pensar que soy un quintacolumnista, un coverso o un infiltrado neocon. Nada más lejos de la realidad. Lo que me pasa es que me jode que se reivindiquen estupideces en nombre de una causa justa. Sin embargo, llega un momento en el que hay que defender el derecho mismo a reivindicar cosas. Sean estúpidas o no, que al fin y al cabo, eso es subjetivo.

Por otro lado, que en general no comparta muchas de sus ideas no quiere decir que no me parezca valiente y digno de reconocimiento el hecho de que cientos de jóvenes españoles estén acampando en las calles protestando por el simple hecho de que están hasta los huevos. Se ha conseguido romper un tópico que llevaba demasiados años rondando: que los jóvenes españoles nunca se rebelan por nada. Pues mira, al final resulta que sí. Dan igual las razones, al fin y al cabo. Lo importante es que haya gente dispuesta a romper el (estúpido) tópico.

El hecho de que haya habido intentos de reprimir estas legítimas manifestaciones me ha hecho replantear mi posición. Independientemente de que se reivindiquen algunas tonterías, la motivación de esta iniciativa es noble y razonable. E independientemente de eso, el derecho a protestar es algo que se debe defender. Así que en cuanto he empezado a escuchar noticias de prohibiciones y represión, me he dado cuenta de que estaba equivocado. Hay que protestar por el simple hecho de poder protestar. Luego que cada cual pida lo que le dé la gana, pero en las actuales condiciones de la juventud española (que a mí me han obligado a emigrar, sin ir más lejos), protestar está más justificado que nunca.

Seguir leyendo >>

Viajar en el tiempo

Publicado el 26 ene, 2011


Políticos españoles: lo barato sale caro

metáfora de la clase política española

Te ahorras la mitad en un televisor y luego resulta que se te estropea en la mitad de tiempo y que además lo disfrutaste la mitad porque la calidad era una mierda. Te compraste la botella de whisky que costaba la mitad y, a parte de saber el doble de peor, a la mañana siguiente tienes el doble de resaca. Hay una castiza frase para definir eso: lo barato sale caro. Es una frase que tiene bastante sentido. A pesar de que en multitud de ocasiones hay altos precios injustificados, en general existe bastante correlación entre el precio y la calidad. Por eso, solemos aplicarla a todos los ámbitos de la vida.

Un momento… ¿a todos? ¡no! ¡a todos no! en España existe el convencimiento general de que los políticos deben ser aún más baratos de lo que son… ¡y encima exigimos que sean buenos! Pongámonos en perspectiva: el sueldo que Zapatero cobra de los españoles es de 6 512 euros al mes… ¿y pretendemos que lo haga bien? eso es muchísimo menos de lo que gana un notario o un registrador de la propiedad. También es mucho menos de lo que gana un controlador aéreo salvo que acabe de empezar. No digamos un futbolista de primera división o un cantante de moda. Y ese tipo que cobra mucho menos que un notario es el tipo que tiene la máxima responsabilidad sobre 45 millones de habitantes. No es que sea un sueldo bajo, no. Es que es penoso.

Pensemos en una persona con talento, capacitada, cualificada, con ideas, con iniciativa… expediente brillante, idiomas, pinitos en el mundo emprendedor, etc. Una persona con ese perfil en una consultora está ganando fácilmente el mismo sueldo que el presidente del gobierno diez años después de acabar la carrera (y sin ser el Einstein de la consultoría). ¿Arriesgaría una meteórica y bien remunerada carrera por meterse en política, a sabiendas de que no iba a empezar de ministro precisamente? Claro que no. Y qué decir de un economista brillante… ¿se plantearía ser diputado por el mísero sueldo base de 3 126 euros en lugar de ganar una pasta gansa en el servicio de estudios de cualquier banco? (ya sé que el sueldo de los diputados tiene dietas a mayores… lo mismo que en la empresa privada existen bonus).

Y así, pasa lo que pasa: que la política española está llena de mediocres (que nunca llegarían a ganar tanto en otro puesto de trabajo), de trepas (que se ganan el sobresueldo traficando con influencias) y de “gente de posibles” a los cuales el sueldo les da igual porque ya van sobrados. Si a los mejores economistas les pagan el triple en un banco de lo que ganarían como ministros, que no nos extrañe tener malos ministros de economía. Ya, claro, deberían hacer su trabajo bien por honradez y no por el sueldo. Me hace una gracia cojonuda lo honrados que somos todos y luego resulta que en España el 25% de la economía es sumergida. Vamos, que quien puede, no paga el IVA, cobra el subsidio que no le toca o declara la mitad de lo que gana. ¿De verdad aspiramos a que nuestros políticos sean de otra pasta — y menos pagándoles a precio de saldo?

Para hacernos a la idea de como está el patio, Rubalcaba (a quien tenía por uno de los más inteligentes a bordo de ese camarote de los hermanos Marx que es el PSOE) ha dicho que “no habría terrorismo internacional si no existiera internet”. Se rumorea que próximamente culpará a la pólvora de que haya tiroteos. Si este es el inteligente… ¿cómo serán los torpes? (es una pregunta retórica, si alguien quiere una respuesta, que vea cualquier entrevista a Rajoy)

Pero el episodio más lamentable se está produciendo estos días en los que el debate político sobre austeridad se está centrando en el terrible hecho de que el Congreso se gasta el fortunón de un millón de euros al año (el 0,000096% del PIB) en pagar unos complementos de unos 1 000 euros mensuales a un reducido grupo de 81 ex-diputados mayores de 65 años que no llegaron a cotizar lo suficiente para la pensión máxima, en la mayor parte de los casos por haber estado en el exilio, encarcelados o inhabilitados durante el franquismo. Esa gente no sólo fue depositaria de la soberanía nacional de los españoles (que ya de por sí es algo que debería merecernos el máximo respeto), es que además, pagó un alto precio porque esa soberanía pudiese estar representada en un Parlamento. ¿De verdad alguien piensa que negarles 1 000 euros de pensión va a arreglar absolutamente nada? Propongo un titular alternativo a esta propuesta estrella del PP: Rajoy quiere quitar la pensión a 81 ancianos.

En fin, sois libres para seguir haciendo demagogia sobre los sueldos de los políticos. Es más, ¡eliminemos dichos sueldos por completo! y pensad ahora… ¿qué será de la democracia el día que esté en las listas sólo quien económicamente pueda permitírselo?

Viajar en el tiempo

Publicado el 22 ene, 2011


A los holandeses no les gusta trabajar

holandesita dormida

Una de las típicas excusas españolas para explicar por qué muchas cosas son un desastre en comparación con el norte de Europa es la de “es que aquí no nos gusta trabajar”. Como si a los finlandeses les gustase mucho. En realidad, viendo los horarios laborales españoles, cualquiera diría que en España a la gente le gusta muchísimo trabajar. Si no, no se explica cómo es posible que mucha gente se quede en su trabajo hasta las ocho de la tarde o más.

Holanda es uno de esos países que caen dentro del tópico de europeo cuadriculado al que le gusta trabajar. Pues no, a los holandeses (¡sorpresa!) no les gusta un carajo trabajar. Mientras que en España lo típico es no mover el culo de la silla hasta que se levante el jefe, en Holanda lo normal es salir pitando a las cinco de la tarde (o cualquiera que sea el horario de salida) dejado tirado a quien haga falta. Una actitud sorprendente incluso para sus vecinos belgas y alemanes.

Lo que pasa es que los holandeses saben cómo hacer que su alergia al trabajo se convierta en algo positivo: cuando están trabajando, se suelen esforzar en hacerlo de la manera más rápida, directa y eficiente posible para acabarlo cuanto antes y que nadie les pida explicaciones más allá de su hora. Por ejemplo, es normal saltarse la pausa del almuerzo y comer directamente un bocata en frente de la pantalla del ordenador. Será por eso que en muchas empresas (la mía, sin ir más lejos) existe una política de “cafeína gratis” para mantener al personal bien activo en todo momento.

Lo de trabajar poco está socialmente aceptado y en muchos casos son las propias empresas las que lo promueven (o al menos, lo facilitan). Sin ir más lejos, las tiendas (salvo supermercados) normalmente cierran a las seis de la tarde (a las cuatro los sábados) y no abren los lunes por la mañana (para compensar lo del sábado). Hacer cuatro días de jornada algo más intensiva y descansar uno (incluso entre semana) es perfectamente normal. La hora de salida estándar son las cinco y las vacaciones disponibles suelen ser bastantes (aunque haya menos festivos fijos y puentes que en España, por ejemplo). ¡Y a ningún jefe se le ocurriría pedirte que vayas a trabajar un sábado!

Es curioso como en España solemos presumir de que “como aquí no se vive en ningún sitio“, una frase pronunciada siempre por gente que, a parte de España, nunca ha vivido en ningún sitio. Mientras tanto, en Holanda, el derecho del trabajador a tener tiempo para vivir su propia vida es sagrado. Ni hay horarios abusivos ni trabajadores pelotas que se quedan más tiempo de la cuenta sólo por quedar bien con el jefe. Precisamente el jefe será el primero que te invitará a irte a tu casa si ya has acabado tu trabajo del día y es “demás de hora”, ¡los jefes son los primeros a los que no les gusta trabajar!

Foto de Martijn Janssen tomada en un típico Intercity holandés

Viajar en el tiempo

Publicado el 4 dic, 2010


Aterriza como puedas

Aterriza como puedas

Al hilo de la pasada huelga general, ya comenté aquí que me parece obsceno convocar una huelga cuando el 20% de los trabajadores están en paro y cientos de miles de españoles se pegarían por un puesto de trabajo. Y no digo nada si encima se trata de un colectivo profesional ridículamente protegido y sobrerremunerado como el de los controladores aéreos, que además causa un espectacular perjuicio económico al país con su acción (por no hablar de los daños morales a los miles de viajeros que habían ahorrado para poder viajar en este puente y reunirse con sus familiares, disfrutar unas merecidas vacaciones, etc.)

A pesar de todo ello, creo en el derecho a la huelga de los controladores. El problema es que lo que se ha vivido en España estos días no es una huelga, es, sencillamente, un colectivo que deja de cumplir en masa con sus obligaciones laborales (y subrayo lo de “obligaciones” porque todo trabajo las acarrea, y no se pueden dejar de cumplir alegremente). Lo que hicieron los controladores levantándose de sus puestos de trabajo es equivalente a que todos los médicos del país dejasen de trabajar en un momento dado, saliendo de los quirófanos a mitad de operación y abandonando sus guardias. No sólo no es ético, sino que además los perjuicios derivados de esa acción pueden (deben) tener consecuencias penales.

Dicen algunos que la respuesta del gobierno ha sido exagerada. Que militarizar los aeropuertos y proclamar el estado de alarma es demasiado. Sí, es demasiado, pero… si es la única manera de garantizar la normalidad, habrá que hacerlo. Lo que deberíamos preguntarnos es qué hemos hecho mal para que un grupete de privilegiados sea capaz de paralizar un país y haya que llamar al Ejército para garantizar los derechos del resto de la población.

Y lo que hemos hecho mal (durante muchos años) es muy sencillo: en España somos especialistas en sobreproteger y pagar mucho dinero (del bolsillo de todos) a gente que aporta comparativamente muy poco a la sociedad. Controladores aéreos y notarios son un gran ejemplo. En otros casos esta situación se provoca indirectamente con regulaciones estúpidas como las licencias farmacéuticas, que convierten artificial y arbitrariamente a sus poseedores en millonarios (¿por qué diablos no permitimos que pueda abrir una farmacia cualquier farmacéutico titulado y colegiado?).

En países más “civilizados”, a nadie se le ocurriría pensar que un notario pudiera ganar más que un médico, cosa muy razonable ya que la labor social de los médicos es infinitamente más importante para la sociedad que la de los notarios. En EE UU, cuando alguien con talento quiere ser rico, estudia Medicina. En España, prepara unas oposiciones de controlador aéreo, notario, registrador de la propiedad o similar. No cuesta mucho adivinar cuál es el retorno social de ese talento en un país y en otro.

En el caso de los controladores, además, el monstruo se ha ido alimentando sucesivamente por todos los gobiernos para evitar la mala prensa que da el caos en los aeropuertos. Sin embargo, de tanto tensar la cuerda, de tanto chantajear al resto de la sociedad con sus amenazas de paralizar el país, el gobierno por fin ha dado un puñetazo sobre la mesa. Y es una buena noticia que, por una vez, el gobierno haya tenido huevos arrestos para cumplir su deber: hacer que el país funcione. Si eso significa movilizar a medio Ejército para controlar el espacio aéreo, pues que se haga, y que a partir de ese mismo momento se tomen las medidas necesarias para que nunca más haya que hacerlo.

Y eso implica que los controladores aéreos respondan penalmente de una vez por todas por el perjuicio causado. Exactamente igual que lo haría un médico que abandona el quirófano a mitad de operación. Ni más, ni menos.

Posts relacionados: La huelga de nuestros antepasados, El fin de la cultura de la oposición

Viajar en el tiempo

Publicado el 29 sep, 2010


La huelga de nuestros antepasados

Huelga

Al parecer, hoy hay huelga general. Pero, un momento, ¿huelga de quién? porque entre mis amigos, conocidos, y en definitiva, gente con la que me muevo dentro de mi rango de edad (entre 20 y 30), los que tienen la suerte de trabajar no van a hacer huelga. No sólo eso, sino que se muestran bastante en contra de la actuación de los piquetes “informativos”. Los llamados “sindicatos de clase” han conseguido poner de acuerdo a toda mi generación en algo: la convicción de que esta gente no nos representa en absoluto.

Porque más que “sindicatos de clase”, habría que llamarlos “sindicatos de generación”. ¿Quién está secundando la huelga de forma significativa? trabajadores de la industria del automóvil, sector naval, minería, transporte, limpieza… ¿son esas las fuerzas productivas que mueven hoy en día -y en el futuro- nuestra economía? ¿dónde están los consultores, informáticos, arquitectos, ingenieros, médicos, físicos, químicos, matemáticos, abogados, administrativos, economistas? La huelga tiene un seguimiento mayoritario entre aquellos sectores que fueron el motor de la economía en el pasado, pero no lo son en el presente, ni mucho menos lo serán en el futuro.

Con esta huelga, los sindicatos defienden con uñas y dientes mantener un sistema laboral arcaico, asociado al modelo económico del pasado, y que directamente nos excluye a los jóvenes. En España tenemos la tasa de paro juvenil más alta de los países desarrollados (con mucha diferencia), además de una altísima tasa de temporalidad para los que tienen la suerte de trabajar. Pues esto habrá que reformarlo, ¿no?

Ningún país protege tanto como España al trabajador indefinido (altísimas indemnizaciones, necesidad de resoluciones judiciales, etc.) a la vez que da tanto por saco al trabajador temporal, con unas condiciones tan precarias.1 Sumemos a esto que las indemnizaciones por despido son proporcionales a los años trabajando, y tenemos a empresas a las que les sale más rentable despedir a cinco “jóvenes” que a un “viejo”, y que no tienen absolutamente ningún incentivo para crear nuevos contratos indefinidos (ya que saben que a la larga podrían ser una rémora económica para la empresa). Es decir, que para mantener los privilegios de la “generación tapón” de nuestros padres, es necesario que nosotros los jóvenes o bien no tengamos empleo (4 de cada 10), o que, si lo tenemos, sea precario. Un joven que desee trabajar en España en condiciones no precarias, debe luchar para que se lleven adelante reformas que flexibilicen el actual sistema. O eso, o emigrar. Casualmente, los países más desarrollados de Europa, a donde los jóvenes españoles cualificados emigran (Holanda, Dinamarca, Inglaterra, Suecia, etc.) tienen mercados de trabajo flexibles y bajas tasas de paro. Casualmente.

Pero a los sindicatos en realidad no les interesa el cambio. A la vez que dicen de boquilla que “hay que cambiar el modelo productivo”, defienden que se subvencione la minería. ¿Cómo vamos a cambiar el modelo productivo y a la vez defender que se mantenga con el dinero público las reliquias de un sistema caducado? los sindicatos han perdido la conexión con el presente. Se han quedado anclados en los clichés del pasado, mientras la sociedad y la economía evolucionaban, y no les interesa que las cosas cambien. Se les acabaría su “modelo de negocio”. Pero que no se le olvide a nadie que la actual generación perdida, la de los jóvenes parados, precarios o emigrados, es la que va a pagar las pensiones de la generación tapón cuyos empleos fijos hay que mantener a toda costa. Si podemos, claro. El último, que apague la luz.

1 El tema de la disparidad entre el mercado laboral de los “indefinidos” y los “temporales”, lo explica de maravilla el blog Materias Grises.

Viajar en el tiempo